21 de Septiembre de 2018

Opinión

Una poderosa máquina

Entrañable y poderosa, 'Hikari' nos lleva en su viaje por una atormentada infancia, llena de preguntas, de esas que los adultos responden con mentiras.

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En el marco de la XXXVII Muestra Nacional de Teatro, se presentó la obra “Hikari, una poderosa máquina de velocidad”. Original de Ana Lucía Ramírez, actuada por Karina Meneses y dirigida por Ricardo Rodríguez. Un monólogo redondo, bien actuado, dramaturgia impecable y una buena dirección. La obra cuenta la historia de Nicolás, un hombre sin casa y prácticamente sin vida. 

El deseo de venganza lo mantiene con furia indetenible. Vive en su auto aparcado en el estacionamiento de un centro comercial. 

Imagine el lector un auto real en medio del escenario, el personaje usa todos los recursos que el vehículo permite: come, se baña, tiene sexo en ese espacio reducido. La interpretación de Karina Meneses como Nicolás, su poderosa apropiación del personaje masculino y su destreza actoral son tremendas. La dirección es buena, aunque ilustrativa en algunos momentos. La obra está inspirada en la vida de David Reimer, un hombre que es castrado de bebé por una negligencia médica. En el instante en que conocemos al personaje se encuentra en su momento más crítico: su vida está prácticamente destruida por los medios que hicieron pública su situación generando una bola de nieve que lo deja en un profundo vacío. La única luz visible es la venganza. Cuando encuentra a su motivo de furia no duda en arremeter contra él y secuestrarlo para matarlo. Sin embargo la historia toma un último giro que nos hace respirar y acompañar al personaje en su viaje final: la libertad. 

Mucho me gustó esta obra, no me sorprende el trabajo de Karina, pues la conozco bien y sé el tamaño de actriz que es, ni la dramaturgia de Ana Lucía, que en este caso es verdaderamente disfrutable. La transexualidad es un tema que se visita poco en el teatro, por eso me parece importante que esta obra sea vista en otras latitudes, pues su protagonista enfrenta ese dilema y su lado humano nos conmueve a todos. 

Entrañable y poderosa, “Hikari” nos lleva en su viaje por una atormentada infancia, llena de preguntas, de esas que los adultos responden con mentiras. Una niñez marcada por el bullying y el abuso al que es distinto. Una gran incógnita que crece en el protagonista convirtiéndolo en un ser inconforme y violento, sin respeto para las mujeres, pues él nunca quiso ser una. El destino final de David Reimer fue el suicidio, en la ficción su destino es más utópico y por ello más humano.

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