19 de Septiembre de 2018

Opinión

Una Profeco de adorno

En Chetumal, aunque usted no lo crea un kilo de gas pesa 800 gramos, como comprobó la Profeco al realizar una revisión en una de las dos gaseras que existen en la capital: Z Gas, que se encuentra ubicada en el antiguo camino a Santa Elena, por la colonia Aeropuerto.

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En Chetumal, aunque usted no lo crea un kilo de gas pesa 800 gramos, como comprobó la Profeco al realizar una revisión en una de las dos gaseras que existen en la capital: Z Gas, que se encuentra ubicada en el antiguo camino a Santa Elena, por la colonia Aeropuerto.
 
Los inspectores de la Profeco detectaron en un operativo faltantes de hasta cinco kilos en el gas entregado a los clientes, demostrando las descaradas transas con las que se manejan estas empresas. 
 
Y se quedaron cortos, porque si se trata de robo de gas en grande, deben ir tras los empleados que reparten el producto en los camiones. Allí, los faltantes llegan a ser hasta de la mitad de lo que se le cobra al cliente.
 
La “ordeña” de los tanques de gas por los choferes repartidores es una ley no escrita que los hace obtener jugosas ganancias que superan por mucho lo que gana un burócrata, por mencionar un ejemplo.
 
El modus operandi es simple: al salir de la sucursal de Z Gas con los tanques de gas llenos con kilos de 800 gramos, los choferes llevan el producto a una casa rentada exclusivamente para realizar la ordeña. Allí, bajan los tanques llenos y sin ninguna medida de seguridad, utilizando solo una manguera conectora, los ordeñan para llenar otros tanques recolectados en las casas pero no reportados a la empresa gasera.
 
Los tanques a medias son entregados a los clientes, vendidos al precio normal, por lo que si en un día común y corriente se venden unos 50 tanques de gas en un camión repartidor, los ingresos ilegales de estos gandallas empleados pueden ser de hasta cinco mil pesos en sólo una jornada.
 
Les va tan bien en el negocio de la transa, que los choferes hasta subcontratan chalanes a su servicio, que les ayuden a realizar ágilmente la ordeña de gas.
 
El atraco infame a los bolsillos de los ciudadanos queda, como de costumbre, impune, pues la Profeco generalmente está de adorno y no mueve un dedo si el cliente no va y presiona para que se sanciones justamente a la empresa abusadora. 
 
Por otro lado, muchas veces basta con endulzar la mano de los inspectores de esta Procuraduría federal para que las quejas detectadas queden en el olvido, en una práctica corrupta que no han querido erradicar de esta institución.
 
De acuerdo a la información dada por la Profeco, luego de comprobarse el robo en despoblado que realiza Z Gas a sus clientes, podría ser acreedora de una multa hasta por un millón y medio de pesos, aunque conociendo como se manejan las cosas en lo oscurito, lo más seguro es que la gasera termine recibiendo sólo un ligero jaloncito de orejas.
 
La Profeco ha sido una más de las delegaciones de adorno y donde urge un relevo y un replanteamiento de sus objetivos para la efectiva defensa de los derechos del consumidor.

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