24 de Septiembre de 2018

Opinión

Una victoria trabajada

El proceso de Alemania duró 12 años y ya cosecha buenos resultados, comparado con el proceso de 3 meses que duró la conformación de la selección mexicana.

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Cuando Miguel Herrera dijo que su compromiso era disputar el quinto partido y, corrigiendo sobre la marcha, agregó “…y claro, ¿por qué no?, ganar el Mundial”, forzado tal vez por la arenga desmesuradamente optimista de Peña Nieto, que les había pedido que traigan la Copa, todos los mexicanos, los que conocen de futbol y los villamelones, supimos que se demandaba y ofrecía un imposible.

Porque a pesar de la creencia generalizada de que confiamos en los milagros, a golpes de realidad hemos aprendido a diferenciar nuestros sueños de nuestras posibilidades y sabemos qué es lo que hay que hacer para ganar.

Y, aunque se afirme lo contrario, en el fondo sabemos que no fue un penal, injusto o no, el que derrotó a nuestra selección sino la FMF que, privilegiando intereses mercantiles cortoplacistas de los dueños prominentes de los equipos, con sus improvisaciones, volvió a sacrificar al deporte que le da tantas ganancias. Por eso nuestro futbol sólo da para el cuarto partido.

No se trata de dejar de ver al futbol como un negocio, todo lo contrario, se trata de hacer un negocio consolidado que, como las empresas exitosas de hoy, sea capaz de invertir en desarrollo, de crear una marca solvente a nivel global, como el Barcelona, Manchester U. y Bayern München, que desarrollan un estilo propio con ideas nuevas.

Y es justamente en este Mundial de Brasil donde hemos visto caer en la primera ronda a los legendarios equipos grandes, como España, Italia, Inglaterra, por la presión de la juventud de los nuevos equipos latinoamericanos, y hemos tenido que reconocer en las semifinales la hegemonía de los innovadores del futbol: Holanda y Alemania.

Es sin duda Holanda, con el paradigma del “Futbol Total”, quien renovó la práctica del deporte revitalizándolo al sustituir la formación inicial 4-4-2 por el más ágil, rápido y eficaz 4-3-3, pero es el proceso seguido por Alemania que fue capaz de perfeccionarlo y llevarlo a cabo con una solución típicamente teutona de planificación y masificación, hasta desarrollar un método y popularizarlo en el sentido de hacerlo del pueblo.

Un proceso que duró 12 años y que ya cosecha buenos resultados, que comparado con el proceso de 3 meses que duró la conformación de la selección mexicana, representa una diferencia abismal.

A partir de 2002 la Federación Alemana decidió que valía la pena invertir en el futbol y para ello envió  a sus entrenadores a capacitarse en Holanda y, con el apoyo de verdaderos patrocinadores de la iniciativa privada, creó una red de 380 escuelas en todo el país, que se dedicaron a detectar y desarrollar talentos desde la infancia, proporcionándoles becas, con base en el mismo modelo de juego y de entrenamiento, en busca de los jugadores ideales para cada posición.

Así, en la final del Mundial de Brasil, tuvimos la oportunidad de disfrutar la disputa entre el futbol nuevo de Alemania y el viejo de Argentina. Para bien del futbol y del espectáculo, no es casual el triunfo del alegre y consistente sistema alemán.

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