20 de Octubre de 2018

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De que la política y la religión tienen ciertas similitudes, sobre todo por su tendencia a utilizar los ritos para reforzar su primacía...

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Un solo señor, una sola fe, un solo bautismo…- Himno religioso

De que la política y la religión tienen ciertas similitudes, sobre todo por su tendencia a utilizar los ritos para reforzar su primacía sobre los demás, no hay duda alguna. La diferencia resulta de que en tanto la estructura dogmática de la fe tiene en la inmovilidad su principal soporte, en materia política la novedad tiende a imponerse sobre lo establecido, creando fenómenos sin precedente, como el caso del triunfo electoral, pues la posibilidad ha existido intermitentemente en el pasado, de los candidatos independientes, o más precisamente sin la estructura formal de un partido con registro.

El triunfo por esta vía de Jaime Rodríguez Calderón, en Nuevo León, ha venido a sacudirle el tapete a más de uno, tanto en la perspectiva intelectual como desde el más puro pragmatismo político, como en el caso de nuestro paisano, por peninsular, Aguilar Camín que,  tras sesudas deliberaciones, ha concluido que aumentarían las probabilidades de triunfo de un candidato independiente, en las próximas elecciones a la Presidencia de la República, si hubiera UNO SOLO de estos candidatos, borroneando así procedimientos para pretender atar lo inasible.

O el de Felipe Calderón, que amenazó con impulsar la independencia de su consorte Margarita Zavala si no sale por el PAN, con lo que tendríamos un(a) candidata(o) independiente por cada uno de los partidos con registro, lo que nos llevaría al absurdo, para detentar la franquicia, de fundar un partido independiente de los partidos políticos (PIPP).

De la misma manera que antes, cuando los activistas descubrieron que no votaban más de los que sí lo hacían, intentaron fundar el partido de los abstencionistas, lo que se busca hoy día es -no pudo decirlo mejor Ricardo Monreal-,  algo así como “detentar el monopolio de la indignación”; pero llegaron tarde, pues ya lo tiene AMLO, advierte su turiferario discípulo, al explicar que todos los demás, independientes incluso, son piratas.

Hasta el jerarca de Morena se conmovió, pues, hablando “ex cathedra”, expuso pomposamente su más reciente fatwa decretando: “Nos quieren detener inventando la candidatura independiente”, en obvia referencia al “Bronco”. ¡Claro! Las fuerzas fácticas, la mafia del poder, no duermen.

Se trata entonces de intelectuales orgánicos y nuevos apóstoles políticos de creencia unitaria, donde está prohibida la discrepancia en aras del objetivo único: alcanzar el poder. La censura que se impone, resultado de la infalibilidad del “carismático” líder, da lugar al culto a la personalidad con reminiscencias estalinistas, trujillistas mejor.

No obstante, aunque la historia registra movimientos regresivos, lo cierto es que no se puede argumentar que se busca lo nuevo adoptando conductas retrógradas, y que, si difícilmente se puede imponer la rígida disciplina religiosa a organizaciones políticas amplias, mucho menos se puede a la sociedad en su conjunto.

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