15 de Octubre de 2018

Opinión

El Valle de México durante el Posclásico

Todas estas ciudades estaban bajo el dominio de linajes de la nobleza nahua, pero también había habitantes de otras etnias, como los otomíes y matlatzicas.

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Poco antes de la llegada de los españoles, en el Valle de México predominaba un periodo de florecimiento urbano. Las ciudades estaban bien pobladas, con un ambiente bullicioso. Las crónicas señalan que había aglomeraciones  en las calles, en los canales y sobre todo sorprendía lo bullicioso que eran los espacios cercanos  a los mercados de Chalco-Atenco, Xochimilco, Coyocán, Culhuacan, Iztapalapa, Tetzcoco, Tlacopan, Azcapotzalco, México-Tenochtitlan, México-Tlatelolco y más de una decena de villas  menores como Coatlinchan, Mixcoac o Tacubaya, ubicadas en el Valle de México donde, para ese entonces, vivían más de  dos millones de pobladores.

Todas estas ciudades estaban bajo el dominio de linajes de la nobleza nahua, pero también había habitantes de otras etnias, como los otomíes y matlatzicas. Los nahuas empleaban el término altépetl, que significaba “cerro de agua” y era una referencia a su ciudad. Esta ciudad estaba dirigida por un tlatoani o rey, que se rodeaba de un grupo de jueces, recaudadores, capitanes y administradores. Pero también había tres grandes reinos, Tlacopan, Tetzcoco y México-Tenochtitlan, que formaban la triple alianza del Posclásico, cuya función era el control administrativo y hacer respetar la autoridad tradicional.

La población y la complejidad urbana en el Valle de México a principios de s. XVI dependía de la agricultura, próspera por el uso generalizados del regadío y de chinampas practicado en las islas o en las orillas de lagos. Se menciona que,  dos siglos después, las fuentes  coloniales hablan de dos grandes hambrunas como consecuencia de sequías prolongadas.

Se puede decir que los productos agrícolas de los nahuas del Posclásico eran los mismos de los teotihuacanos, de los toltecas y de la mayoría de los pueblos mesoamericanos: maíz, frijol, calabaza, chile, tomate, chía, amaranto, etc. Y los productos no agrícolas eran peces, aves, ranas, insectos, serpientes, conejos, venados, etc. 

También era posible cultivar maguey y en los bosques obtenían leña. El tributo que recibían los señores desde las provincias eran plumas de quetzal y guacamaya, oro y joyería, mantas decoradas, algodón, jade, cacao. Estos bienes suntuarios eran reservados para la nobleza y  para las fiestas religiosas.

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