23 de Septiembre de 2018

Opinión

Vallisoletano egregio

Con los más destacados dermatopatólogos de Europa, en 1979 el Dr. Andrade funda el club Unna-Darier.

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Hace unos días, el periodista Martiniano Alcocer fue invitado como orador  con motivo del aniversario de la ciudad de Valladolid, de donde es originario, y tuvo la gentileza de enviarme una copia de su discurso, que es una exposición de razones que justifican su acendrado chauvinismo municipal; algunas de estas razones forman parte de la historia de Yucatán e incluso de México, pero la parte del discurso que más me sorprendió fue la que le dedicó a un importante científico que nació también en su querida Zací, el Dr. Rafael Andrade Malabehar, quien durante tres años fue mi maestro de Dermatopatología en la ciudad de México hace algunos ayeres.

El maestro Andrade nace en Valladolid el 26 de enero de 1926,  después  de estudiar la primaria se traslada a Mérida, donde realiza el bachillerato en la Preparatoria Libre, teniendo como condiscípulos a los Dres. Francisco y Eduardo Laviada  Arrigunaga, con quienes cultivó una  fraternal y larga amistad, posteriormente se traslada a la ciudad de México y se gradúa de médico en la Escuela Nacional de Medicina y luego viaja a París para estudiar Dermatología en el hospital San Luis, bajo la tutela de los Dres. R. Degos y A. Civatte, conviviendo con las más destacadas personalidades de la dermatología francesa de esa época, Pautrier, Gougerot, Touraine, entre otros.

En 1956 va a  Alemania para continuar con su formación en dermatopatología con el maestro O. Gans; recién casado con la Dra. en teología Bárbara Mex , de nacionalidad alemana y con quien procreó 4 hijos, se traslada a Nueva York como director del Departamento de Dermatopatología del hospital Skin & Cancer, publica numerosos trabajos de investigación, el libro “Cancer of the skin” y junto con A.W. Kopf un atlas de dermatología. 

En 1971 regresa a México con la idea de crear un laboratorio de Dermatopatología el cual se materializa en el Hospital General de México con el apoyo de la fundación A. V. Humboldt de la que había sido becario -al igual que el Dr. Mario Molina, premio Nobel de Química- que empieza a funcionar hasta 1975, donde se inicia la formación de los primeros dermatopatólogos en México; junto con el Dr. E. Macotela crea el Consejo Mexicano de Dermatología en 1974. 

Con los más destacados dermatopatólogos de Europa, en 1979  el Dr. Andrade  funda el club Unna-Darier, que reúne una vez al año a los expertos europeos de esa disciplina. Desde el año 2000 se convirtió en consejero técnico y en el 2005 se jubiló, quedando a cargo del laboratorio la Dra. Patricia Mercadillo.

Mucho le agradezco a Martiniano que haya dado a conocer parte de la vida y obra de este egregio científico vallisoletano, a quien la medicina yucateca no ha reconocido porque su actividad profesional la desarrolló -con mucho éxito-  fuera de la península de Yucatán y al orador sólo recordarle que honrar, honra.

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