19 de Octubre de 2018

Opinión

Vergüenzas digitales

Internet es tan confiable como quienes la utilizan. Esta “máxima” ha causado más de un dolor de cabeza a la red de redes...

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Internet es tan confiable como quienes la utilizan. Esta “máxima” ha causado más de un dolor de cabeza a la red de redes, además de singulares historias que demuestran sin más, la credulidad de los usuarios. 

La información, datos, chismes, rumores e ideas que hoy en día forman el contenido de las redes sociales, tienen en ésta la plataforma ideal para difundirse con poco esfuerzo, de parte de los medios y “dizque medios” que las respaldan, en especial, gracias a la necesidad de los usuarios por saberse, no informados, sino poseedores de una verdad absoluta, o de la oportunidad para tener sus “quince minutos de fama” en línea. 

La democratización de la web tiene infinidad de ventajas para la aún incipiente sociedad de la información mexicana. Al día, nuevos medios digitales irrumpen en los “timeline” de Twitter y Facebook, trayendo noticias singularmente atractivas, dispuestas con cierta estrategia para atraer a los usuarios hacia sus portales, aprovechando en gran medida, la mencionada necesidad de estos. 

Al aprovecharse así de la gente en línea, estos “medios” se aseguran tráfico y “credibilidad temporal” a sus cuentas y páginas web, pues cuanto más se comparta una nota, por inverosímil que parezca, nunca faltará un usuario desinformado y crédulo que la dé por cierta y la distribuya entre sus contactos, que repiten el mismo proceso una y otra vez, incapaces de darse cuenta cómo los utilizan aprovechándose de su autonombrado “librepensar”.

La necesidad de saberse parte de la noticia, o en este caso, de la difusión de un hecho “singular”, aunado a la proclama básica de ser “independientes de los medios masivos”, provoca más de una pifia o escenarios de comedia en las redes sociales. Desde el diario argentino que dio por cierta una nota de @ElDeforma, a @ProcesoMX, “vaca sagrada” del librepensamiento, que la semana pasada publicó como cierta en sus redes sociales una nota en la que Edward Snowden afirmaba que Osama bin Laden está vivo en las islas Bahamas, esposas e hijos incluidos. 

Evidentemente, los seguidores de estos medios compartieron la nota y se regodearon en la autocomplacencia de las teorías de conspiración, hasta que, tan rápido como se publicó, la noticia fue retirada del portal web, ante las burlas y señalamientos de muchos otros usuarios que no cayeron en la trampa de la noticia “demasiado buena para ser verdad”. 

Si medios renombrados como Proceso tienen estos resbalones digitales, ¿cómo podemos nosotros, “usuarios de a pie”, evitar la vergüenza de dar por cierta una nota de este estilo? La más sencilla es seguir otra máxima del periodismo: “cuando todos digan los mismo, deténgase y póngase a pensar”. 

En las redes sociales, los “medios” sensacionalistas hallan fácilmente lectores maquilando “notas” ad hoc al público que tienen por objetivo, sabiendo que el usuario web no lee más allá del titular en letras grandes y el resumen debajo del mismo. Bajo esta premisa, la redacción de estas noticias esconde en sus párrafos la clave que evidencia su irrealidad, a sabiendas que la rápida lectura en redes sociales evita que los “cibernautas” se den cuenta. 

Otra forma de saber si la “sensacional” noticia que estamos por compartir es verdadera o no, consiste en revisar con lupa la dirección web de la misma, pues fácilmente, “CNN” se convierte en “CNMX” o “CNNN”; “Reforma” en “Deforma”; “Milenio” en “Mileneo” o “TV Azteca” en “Tveazteca”; y el usuario cae fácilmente en la dislexia, lee lo que quiere leer y afirma que su nota compartida es real, porque viene “de un medio de renombre”. 

También, cuando abra la liga de estas singulares notas, busque en las opciones inferiores las palabras “Acerca de”, “Información legal”, “Disclaimer”; ligas que lo llevarán a la información sobre quiénes están detrás de los sitios, revelando con ello sus intenciones, y librándole de ser una víctima más de la desinformación y de las vergüenzas digitales. 

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