16 de Octubre de 2018

Opinión

Vigencia de Thomas Merton

En medio de las dos frases, transcurrió la existencia de Thomas Merton, místico trapense y gran poeta, que se retiró al silencio para dialogar con Dios en el monasterio trapense de Gethsemaní, Kentucky.

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La primera frase de su libro más famoso nos informa que nació “el último día de enero de 1915”. El final de su última conferencia, el 10 de diciembre de 1968, que “ahora, pues, desapareceré”. Frases simples, tan exactas que marcan drama e ironía de vida y muerte.

En medio de las dos frases, transcurrió la existencia de Thomas Merton, místico trapense y gran poeta, que se retiró al silencio para dialogar con Dios en el monasterio trapense de Gethsemaní, Kentucky.

Luego de convertirse al catolicismo, hacer votos religiosos y ordenarse sacerdote, los superiores consideraron que, al ser uno de los poetas norteamericanos más reconocidos, debía escribir una autobiografía. Así surgió “La montaña de los siete círculos” que narra su epifanía y se volvió un auténtico best-seller desde su primera edición.

Pero Merton no dejó nunca de escribir y de participar del latido del mundo desde el silencio de su diálogo con Cristo. Conoció la desazón de la Guerra de Vietnam, el surgimiento de la lucha por los derechos civiles negros y aun el nacimiento de la teología de la liberación latinoamericana. Siempre estuvo del lado de la justicia al grado de habérsele considerado subversivo.

Fue maestro de novicios de otro sacerdote, monje, poeta y revolucionario, Ernesto Cardenal, y lo animó a vivir la fe en su archipiélago nicaragüense de Solentiname, donde se encuentra hoy mismo y donde ha cumplido los 90 años.

Abrazado a profundidad el ecumenismo del Concilio Vaticano II, Merton entró en diálogo con místicos como él de otras religiones. Así escribió con Daisetz Suzuki “El zen y los pájaros del deseo”, y precisamente en un encuentro en Bangkok pronunció el 10 de diciembre de 1968 la conferencia titulada “Marxismo y perspectivas monásticas”, cuyas últimas palabras transcribí al inicio. El tema muestra la amplitud de su pensamiento y explica por qué, en su centenario, puede considerársele plenamente vigente.

Tras un receso en el encuentro de Bangkok, Merton fue a tomar un baño. Aún mojado encendió un ventilador y murió electrocutado por un cortocircuito.

En “Coplas a la muerte de Thomas Merton”, Cardenal le escribió: “Tu muerte más bien divertida Merton / (¿o absurda como un koan?) / tu muerte marca General Electric / y el cadáver a USA en un avión del Army / con el humor tan tuyo te habrás reído... / también yo”!

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