24 de Septiembre de 2018

Opinión

Vive como quieras

Mediante el humor, Frank Capra realiza una radiografía de la sociedad norteamericana posterior a la Gran Depresión y anterior a la II Guerra Mundial.

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El cine puede enseñarnos lecciones sin importar tiempos, idiomas ni lugares. En esta ocasión, como parte de un ciclo en homenaje al realizador nacionalizado norteamericano Frank Capra (Italia, 1897), tuve la oportunidad de ver una de las películas fundamentales dentro de su filmografía y que por alguna razón se me había escapado. Hasta ahora…

“Vive como quieras” (You can't take it with you, 1938) es un filme inscrito dentro del género de la comedia romántica; sin embargo, como en todas las películas con aspiraciones de altos vuelos, encierra mucho más, ya que mediante el humor Capra realiza una jocosa radiografía de la sociedad norteamericana posterior a la Gran Depresión y anterior a la II Guerra Mundial.

En ella, mediante comparaciones y contrastes, el director hace hincapié en las diferencias tanto de estilo de vida como de filosofía entre la clase alta y la clase media. Para este fin, se vale de una sencilla pero ingeniosa trama: Alice Sycamore (Jean Arthur) se enamora de Tony Kirby (Jimmy Stewart), que es su jefe y cuya familia pertenece a la alta sociedad al ser parte de una larga estirpe de banqueros.

Por otro lado, la familia de Alice tiene como única ocupación la de ser feliz y hacer lo que quiera en la vida, dando como resultado un núcleo de personas alegre y lleno de excentricidades. Las diferencias entre el estilo de vida y la mentalidad de ambas familias se agudizan cuando los padres de él van a cenar a casa de ella y la cena termina con la entrada de la policía en la casa y la detención de todos los presentes, acusados de anarquistas y revolucionarios.

Toda esta comedia de enredos es la excusa perfecta para mostrarnos la pérdida de valores y sentimientos tales como la amistad y la preocupación social en beneficio de la comunidad en aras del interés económico y el status individual que éste brinda, por encima de la colectividad y en menoscabo de la calidad de vida de los seres humanos, como producto del llamado capitalismo devorador.

Capra nos presenta todo esto sin perder el candor y el optimismo que caracterizó su discurso cinematográfico. A través de primeros planos, montajes y desplazamientos escénicos cuidadosamente trazados, esta comedia mantiene el ritmo necesario para arrancar no sólo carcajadas sino lágrimas del espectador, por lo que es más vigente que nunca, pues en palabras del abuelo Martin Vanderhof (Lionel Barrymore): Lincoln decía: “malicia para nadie, caridad para todos”, mientras que ahora se dice “o piensas como yo o te deshago a bombazos”.

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