19 de Octubre de 2018

Opinión

Vocación

Es el llamado amoroso, directo y personal, que proviene de una inspiración, al que das una respuesta con la cual haces frente al destino.

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Difícilmente olvidaré aquella tarde en que nuestros dos amigos nos pusieron a temblar a varios, con un fuerte sacudón que nos cimbró hasta lo más profundo.

“Sabemos, aunque jamás hayamos hablado de eso, que todos ustedes han sentido al menos en una ocasión un fuerte llamado, directo y personal, similar al que nosotros ya hemos respondido, y ustedes aún no lo hacen”.

Más o menos esas fueron las palabras que usó, siendo aún seminarista, el P. Jorge A. Laviada Molina, acompañado de quien también aspiraba a ser sacerdote y hoy es arzobispo, el P. Jorge C. Patrón Wong, para abrir sin rodeos el diálogo con un grupo de amigos al que ambos habían convocado especialmente para discutir este tema. Tenían mucha razón, todos sin excepción reconocimos haberlo experimentado, y a partir de ahí pudimos colocar el asunto en la mesa para analizarlo con objetividad y ayudarnos a discernir. Finalmente no hubo más respuestas valerosas como las de nuestros admirados amigos.

La palabra vocación tiene su origen en el latín, ya sea de vocare que significa llamar, o vocationem: llamado, o también vocatio: acción de llamar. Y en el sentido estrictamente religioso del término, esa es la connotación mas importante: el llamado amoroso, directo y personal, que proviene de una inspiración, al que das una respuesta con la cual haces frente al destino.

Cuando nos referimos a la vocación profesional, entonces hablamos de una inclinación, interés o deseo de emprender una carrera o una actividad económicamente productiva, cuando aún no se tienen las aptitudes, conocimientos, habilidades, capacidades y competencias que son necesarias, las cuales serán adquiridas durante el paso por la universidad, o ejecutando directamente la actividad en condiciones reales durante algunos años, bajo la supervisión o tutela de alguien más experimentado.

He observado que algunos jóvenes se angustian ante la disyuntiva que se les presenta cuando hay que tomar esta decisión, y esta ansiedad está relacionada con el temor natural que experimentan debido a la posibilidad de equivocarse, que se agrava cuando existe presión de los padres. Además, en nuestra sociedad está presente un factor cultural que alimenta esa idea romántica de que sólo una llamada es la verdadera, la que nos dirá cuál es esa gran tarea que tenemos que realizar durante nuestra permanencia en este planeta. ¡Aterrador!, ¿verdad?

Una gran contribución de los padres hacia estos jóvenes consistiría en brindarles orientación, ayudándoles a descubrir lo que les resulte inspirador, aquello que materialice sus anhelos reconociendo claramente sus gustos, intereses y aptitudes. Invitarlos a profundizar en el pasado, sus raíces, descubrir lo que motiva su felicidad. Enseñarles que es un proceso complejo, en el cual están dispuestos a hacerles compañía, pero que se construye permanentemente durante toda la vida, y que implica el descubrimiento de uno mismo y de su visión, un proceso que lleva a responder con claridad las preguntas: ¿quién soy?, ¿cómo soy?, ¿hacia dónde quiero ir?

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