12 de Diciembre de 2017

Opinión

Volver, el volverse Palestina

El abuelo de Lina Meruane había escuchado de un valle entre las cordilleras, en Sudamérica, que prometía que la vida no sería distinta a la de Beit Jala.

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A la vida nuestra la preceden otras. Nosotros, existencias germinadas de circunstancias que acaso sobrepasaron la voluntad de los abuelos y padres.

Es esa historia, la nuestra, que empezamos a conocer cuando contamos la vida hacia atrás. En su retroceso, el que nació con la herida que deja el desplazamiento descubrirá que su origen y el de sus hermanos se fundan en el resistir o irse de aquellas vidas que se contaron antes que las suyas. Pregunta que el abuelo de Lina Meruane aventó al aire, como moneda que aventaría ella después. Había escuchado de un valle entre las cordilleras, en Sudamérica, que prometía que la vida no sería distinta a la de Beit Jala. Promesa que hizo de Chile el país con la más grande comunidad palestina lejos de Oriente Medio.

La decisión se toma sin vuelta atrás, hasta que unas generaciones adelante aparece EL VERBO: “Regresar. Ese es el verbo que me asalta cada vez que pienso en la posibilidad de Palestina. Me digo: no sería un volver sino apenas un visitar una tierra en la que nunca estuve, de la que no tengo ni una sola imagen propia”. El regreso que Lina pide prestado a su abuelo, a su padre que nunca se interesó en conocer esos territorios ocupados, la Palestina fragmentada. Esa tierra a la que pertenece, pero en la que apenas encontraría rastros de palestinidad.

Volver es una palabra que tiene varios sinónimos en esta primera edición de Volverse Palestina (2013), crónicas de Lina Meruane. Volver es sinónimo de viajar y escribir Palestina para esta escritora chilena descendiente de palestinos, que trabaja en una universidad norteamericana. La escritura es el regreso de Nueva York hacia Chile, hasta llegar a Beit Jala. La migración primera es una herida que subsiste en los Meruane, que los alienta a seguir esos mismos pasos, por ello, Lina convence a su padre de viajar a su ciudad de la provincia chilena, de la que es él: “Refrescar esos lugares que hemos dejado a la deriva, de los que nos fuimos yendo sin volver la vista atrás. Él, como antes sus padres la Beit Jala natal, abandonó hace mucho la pequeña-ciudad-de-provincia donde nació. Y yo, como ellos, me largué también”.

Otro sinónimo es volverse, ser palestina o ser reconocida palestina por los sionistas. En las crónicas que rozan el conflicto árabe-israelí, Lina describe el difícil ascenso al avión de la línea aérea El AI con dirección a Israel, a causa del incómodo interrogatorio de los agentes de seguridad israelí. “(…) no perder nunca la calma y decir siempre la verdad”, pensó. Sus verdades alarmaron al agente y a su supervisor. Meruane es reconocida como amenaza potencial. El apellido, los anfitriones que le esperan, sus rasgos físicos exasperan por su palestinidad.

En Israel, la esposa musulmana de su amigo escritor, con el que se aloja en Jaffa, le dice que tras esa desventura ahora es totalmente palestina.

La escritora reconoce su cicatriz, que se hizo visible en Israel, en Londres frente a esos agentes: “Tengo la certeza de que en las horas que pasé con los tiras fui más palestina que en mis últimos cuarenta años de existencia. La palestinidad que sólo defendía como diferencia cuando me llamaban turca (…). Era una gruesa cicatriz de la que ahora quería hacer alarde”. Palabras que resuenan en el pasado 30 de marzo, Día de la Tierra Palestina.

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