21 de Octubre de 2018

Opinión

Woody Allen sin cafeína

Café Society se desarrolla en el Hollywood de los años 30 y gira en torno a Bobby Dorfman...

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La más reciente entrega fílmica de Woody Allen es Café Society, hace poco estrenada en México y producción que es punta de lanza de la 61 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. La película cuenta entre su reparto con Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Steve Carell, Parker Posey y Blake Lively.

La cinta se desarrolla en el Hollywood de los años 30 y gira en torno a Bobby Dorfman (Eisenberg), un ingenuo joven proveniente de una familia judía neoyorquina que llega a Los Angeles a buscar suerte, tratando de insertarse en la meca del cine con la ayuda de su tío Phil (Carell), un exitoso agente cinematográfico que se codea con luminarias de la gran pantalla. Es así como conocerá a Vonnie (Kristen Stewart), la secretaria de su tío, de quien poco a poco irá prendándose, ignorando que ella tiene otra relación amorosa en su vida. 

Mediante dicha trama, Allen intenta explorar los temas que le son más afines: los enredos amorosos, las relaciones familiares, el mundo del cine, las diferencias entre la vida en California y Nueva York, la infidelidad y el engaño. Todos tópicos que ya ha abordado antes en su extensa filmografía, pero que en esta ocasión no logra asir en lo absoluto, ya que el guión resulta frívolo y endeble.

La historia transcurre en una atmósfera que, al principio, parece de ensueño -gracias a la fotografía del legendario Vittorio Storaro-, pero dentro de esta paleta de colores pastel nada sucede o nada parece suceder. Los giros dramáticos son prácticamente inexistentes y, cuando ocurren, generan reacciones en los protagonistas tan imperceptibles como la picadura de un mosquito. Ver esta comedia romántica es tan ligero como beber un café descafeinado y así transcurre: sin sorpresas ni sobresaltos. 

Se extrañan los agudos destellos de Allen, cuyas frases muchas veces valían tanto la pena como para salvar una de sus películas “menores”.

Para nuestra mala suerte, tal y como dicen en uno de los pocos gags lúcidos del filme: aquel donde se menciona que Sócrates dijo: “Una vida sin examen no merece la pena de ser vivida”, a lo que alguien responde: “Pero una vida examinada tampoco es una ganga”; así se intuye que Woody Allen trató de regatearnos con un café sin cafeína y, para colmo, frío.

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