18 de Octubre de 2018

Opinión

Y ahora ¿Quién podrá defendernos?

Roberto Gómez Bolaños, creador de personajes como “El Chavo del Ocho” y “El Chapulín Colorado”...

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Roberto Gómez Bolaños, creador de personajes como “El Chavo del Ocho” y “El Chapulín Colorado”, entre otros, nació en 1929, año en que también fue concebido el abuelo del PRI y murió un día después de que el presidente Enrique Peña Nieto anunciara una serie de medidas desesperadas por intentar oxigenar un sistema político decadente y cuyos pronósticos de recuperación no son optimistas.

“Chespirito”, nombre artístico del escritor, actor y director de películas como “El Chanfle”,  fue sin duda alguna un mexicano que trascendió las fronteras de México. “El Chapulín Colorado” representa al “héroe” nacional en el que nos encarnamos los mexicanos. Torpe, bobo, bajito, no muy valiente que digamos, pero eso sí, provisto según él de una brillante chispa espontánea de lucidez, representada por la frase “No contaban con mi astucia”, que terminara por demostrar quién es el que manda. 

“El Chapulín” pedirá que lo sigan siempre los buenos, a quienes brindará protección y auxilio en sus esfuerzos por restablecer el orden y la justicia, sin temor alguno: “Que no panda el cúnico”, pues cada paso que da no permite improvisaciones, o al menos eso quiere demostrar cuando afirma que “todo está fríamente calculado”. Acude de inmediato al llamado de “Y ahora, ¿Quien podrá defendernos?” y si alguien se mofa de su repentina aparición se hará respetar de su infalible chipote chillón. Contrariamente, si tiene necesidad de sortear algún peligro, no dudará en tomar su pastilla de chiquitolina, que lo reducirá al tamaño de un ratón. 

Ahora, cuando el presidente Peña ha hecho fantásticas promesas por recuperar la credibilidad de los poderes públicos, pareciera estar emulando a “El Chapulín Colorado”. Primero se hizo chiquito en los primeros días de la crisis de Ayotzinapa, luego cuando quiso hilvanar una historia creíble, se enredó como le sucede al Chapulín cada que pretende citar un refrán popular. El jueves 27 de noviembre, al iniciar su mensaje en cadena nacional pareció decir: “Calma México, que no panda el cúnico” y tras su perorata de más de media hora su sonrisa apuntaba a “todo está fríamente calculado”. Peña está convencido de que la implementación de las medidas propuestas devolverán al país la confianza en sus instituciones, y da por sentado que lo seguirán los buenos (algunos de la clase empresarial, el clero, las televisoras y las cúpulas partidistas, entre otros), de ahí su actitud triunfalista: “No contaban con mi astucia”. Sólo que si no funciona su chispa de lucidez, podría hacerse respetar con el chipote chillón de la represión y él seguiría gobernando tan “fresco como una lechuga”.

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