21 de Mayo de 2018

Opinión

¿Y cuando falte AMLO?

La toma de riendas de Andrés hijo no fue lo más afortunado que pudiera pasarle a este segmento de la izquierda, pues se demostró que aunque parezca lo mismo pero más barato, la gente no responde igual.

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En un domingo de crónico pesar (o sea, de flojera), este escribidor se dio gusto checando crónicas, comentarios y columnas acerca de Andrés Manuel López Obrador, cuando sufrió un infarto a la “coraza” que ya mero lo manda al “valle de los frijoles”.

En realidad, esta columna se consiguió a través de portales de internet y de gente cercana al político tabasqueño, que ha seguido sus pasos desde hace años. Mejor léanla, está muy curiosa y reflexiva, en tono mordaz.  

“Como una cubetada de agua fría llegó la noticia para todos los seguidores incondicionales del ya dos veces candidato a la Presidencia de México, generando más que nada un temor a la orfandad en pleno proceso de lucha contra la Reforma Energética.

El infarto sufrido por Andrés Manuel López Obrador fue un aviso de algo que nadie imagina (o quiere imaginar) sobre el futuro inevitable de uno de tantos seres humanos que por sus características suele ser visto como un superhéroe, mismo que no se enferma, no se cansa, es inmortal.

Pero la realidad suele ser muy cruda, y esa es que algún día, como todos nosotros, AMLO dejará este mundo y por lo que vimos en tan solo unos días, nadie en su sector está preparado para afrontarlo. 

No es lo mismo que un líder histórico fallezca estando ya en el retiro (como sucedió con Heberto Castillo) que en la plenitud de un momento que se ha querido estirar lo más posible sin permitir el surgimiento de nuevos rostros que tomen la batuta de un movimiento en caso de ser necesario.

Eso es lo que se evidenció la semana anterior cuando López Obrador fue a parar a la sala de un hospital, pues en lugar de que el mando de las protestas en el Senado la tomara algún personaje como Ricardo Monreal o Martí Batres, que además de ser el dirigente oficial de Morena ya no se cuece al primer hervor.

Quien terminó poniéndose al frente del cerco legislativo fue Andrés Manuel López Beltrán, hijo de AMLO y cuyo acto más trascendente se dio hace cuatro años cuando provocó todo un escándalo por el uso de unos tenis marca Louis Vuitton con valor de 870 dólares, acto que contrastaba con la política de austeridad de su padre.

La toma de riendas de Andrés hijo no fue lo más afortunado que pudiera pasarle a este segmento de la izquierda, pues aparte de demostrar un intento de paso de estafeta al estilo de los hermanos Castro (Fidel y Raúl, no Benito y Gualberto), donde el poder no se gana sino se hereda sin más mérito que los genes y el apellido, se demostró también que aunque parezca lo mismo pero más barato, la gente no responde igual.

Peor aún, el hecho solo tiene comparación en México con dos casos desafortunados y bastante criticados donde la sangre llama y no el talento. Uno es el de Napoléon Gómez Urrutia, líder del sindicato de mineros, quien heredó el puesto de su padre y lleva años refugiado en Canadá; y el otro es del Partido Verde Ecologista de México, donde el ‘Niño Verde’ fue el sucesor de su papá por mucho tiempo, mostrando que ese partido se maneja como una empresa familiar.

Que la situación de AMLO pueda compararse con las dos anteriores resulta insólita, pues es contradictorio con lo que regularmente pregona, que tampoco es nuevo, pero que a la hora de la hora es lo primero que salta y que todos le sacan.

Un día, de forma inevitable, nos toparemos con la noticia de que Andrés Manuel López Obrador murió, y entonces veremos un movimiento huérfano por haber idealizado e idolatrado a una sola persona como la única que podría cambiar a un país. Y no porque la gente así lo quiera, sino porque él mismo así se los ha hecho creer.

Resulta curioso cómo el PRI sigue siendo un ferviente seguidor de la onda retro aunque eso signifique darse un balazo en el pie por rescatar a sus personajes más tétricos después de aventarlos a la azotea mientras duraba la fiesta electoral de 2012. 

Así es como se ve el regreso de un sith como Ulises Ruiz, exgobernador de Oaxaca acusado de violaciones a los derechos humanos y un desfalco al erario de ese estado con pura morralla que suma más o menos 4 mil millones de pesos. 

Y es que resulta que lo mejor que se le ocurrió al PRI para resucitar a los momios fue cambiarlos de lugar y nombrar a Ulises Ruiz como nuevo delegado del partido en Quintana Roo, dizque porque allá nadie lo conoce. 
Cuánto alivio nos da saber que ya tenemos un ‘Nuevo PRI’. Ñáñaras dan imaginar que tuviéramos al viejo.

Qué mejor manera de consentir a la prensa y tratar de ganársela en un estado donde la mayoría adora al gobernador Rafael Moreno Valle (que fue del PRI y ahora ya no se sabe si va, viene, ni en qué color milita) que hacer oficial el famoso ‘chayote’ para los periodistas a través de ‘prestaciones’ como servicios de salud, educación, becas autos y hasta viajes, todo pagado por el gobierno estatal. ¡Cómo te extrañamos, López Obrador!

Amigos, amigas, ya saben: sugerencias para que el “Peje” recupere pronto la salud, porque eso de sólo escuchar a priístas y a panistas, no es vida, enviarlas a [email protected] y/o [email protected]

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