20 de Septiembre de 2018

Opinión

...Y llegaron las quemas

El año siguiente a la quema la productividad suele ser buena y lo puede ser uno o dos años.

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Las noticias nos dicen un día que nuestro Estado está a merced del cambio climático, que el calentamiento global del planeta está incidiendo en la producción agrícola y que las cabañuelas ya no funcionan como elemento predictivo del comportamiento del clima durante el año; lo cierto es que, como dijo hace unos años el director del Centro Nacional de Huracanes de los EU, no hay nada más impredecible que el clima y comentaba que ni con todos los avances que hoy día tenemos es posible predecir con precisión el clima de las próximas 48 horas.

Lo que es sorprendente es que esta preocupación por los efectos del calentamiento global en nuestro terruño va acompañada del anuncio de que, con la llegada de la Primavera, comienza la temporada de quemas del campo yucateco; este viejo proceso, conocido como roza, tumba y quema, es tal vez nuestra mayor aportación al mencionado calentamiento global, ya que sus efectos bochornosos no sólo tienen un impacto local, sino a la atmósfera en su conjunto y al equilibrio global del clima.

En este viejo proceso, el año siguiente a la quema la productividad suele ser buena y lo puede ser uno o dos años, entrándose después a una etapa de dependencia de los abonos para tener algo de producción; este procedimiento fue aplicado durante siglos por los pueblos indígenas, que lo realizaban de manera cuidadosa, a baja escala, escalonadamente, lo que permitía una sostenibilidad relativa, pero hoy su uso intensivo ha convertido este proceso en un factor de destrucción del equilibrio ecológico.

Ante esta problemática, me permití proponer hace un par de años cambiar este procedimiento por un proceso de desmonte, composteo y producción de suelos, lo que nos permitiría generar de manera progresiva una confiable infraestructura de producción agrícola gracias al desarrollo de suelos orgánicos: esto es, produzcamos suelo en vez de calor y bióxido de carbono; el desarrollo de suelos a partir de la composta es un proceso aprovechado en varias regiones de nuestro planeta, con resultados que han permitido su consolidación; por cierto, en este proceso podríamos incluso producir energía a través de la biodigestión de los residuos orgánicos producto del desmonte. 

Manos a la obra.

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