15 de Agosto de 2018

Opinión

Y solo quedan 90 días...

El gobierno ha tenido que recular en su primera táctica de vendernos su propuesta como la verdadera reforma cardenista.

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Durante el mensaje con motivo de su primer Informe de gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto habló de la importancia de los cuatro meses que restaban a 2013 y la importancia de aprovecharlos para que el Poder Legislativo aprobara las reformas energética y hacendaria y las leyes secundarias de telecomunicaciones.

Desde aquel día, el país se ha metido en una dinámica de crisis y conflicto que nos tiene, al primero de octubre, igual que hace un mes y con peores condiciones políticas para avanzar en algunos de los frentes planteados por el Pacto por México y el gobierno.

La crisis de los maestros en el Zócalo y su desalojo; la emergencia provocada por las tormentas han dado tiempo a los bloques opositores a ciertas reformas a reconstruirse en mejor forma.

Los empresarios, que en un principio tropezaron en su reacción frente a la reforma fiscal, han tenido un mes completo para afinar sus argumentos, unirse, producir documentos, publicar desplegados, armar una estrategia de medios. Con ellos el PAN, que apenas hace unos años propuso 2 puntos de IVA a medicinas y alimentos, ha encontrado en el lema anti-IVA el único espacio donde no se pelean entre ellos.

En la izquierda, por diferentes avenidas, pero todos han llegado al mismo sitio, han ganado la agenda de discusión alrededor de la reforma energética. El gobierno ha tenido que recular en su primera táctica de vendernos su propuesta como la verdadera reforma cardenista y parece haber perdido voz frente los que se oponen a tocar nuestra Constitución en los artículos 27 y 28.

Si aumentamos la difícil situación económica, aún más complicada por las inundaciones, y que en asuntos de seguridad no solo han repuntado los secuestros, sino que acabamos de tener un par de matanzas múltiples, incluido un horror en Ciudad Juárez, 30 días agitados han cambiado el panorama al Presidente y al gobierno.

Quedan 90 días, según el calendario de Peña.

Tres meses en que se pondrán a prueba las habilidades políticas de un grupo que se precia de su pragmatismo y que solo se mide por resultados concretos. En esta ocasión se juegan mucho más que su prestigio o vanidad. De cómo terminen estos 90 días depende con qué herramientas, con cuáles cartas contarán durante los próximos cinco años. De alguna manera, de estos meses dependen los próximos años de todos.

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