18 de Diciembre de 2017

Opinión

'Ya no aguantaba'

María de los Ángeles Pineda Villa nunca perdió lo altanera durante su detención. Mientras que José Luis Abarca ya en la patrulla de la Policía Federal, dijo que ya estaba cansado de estarse escondiendo.

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Terminó la huida del exalcalde de Iguala José Luis Abarca Velázquez y su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa. Fueron detenidos por elementos de la Policía Federal en una vivienda de la colonia Santa María Aztahuacán, en la delegación Iztapalapa, en la Ciudad de México.

Son señalados por el Gobierno Federal y la Fiscalía de Guerrero como los autores intelectuales de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, el pasado 26 de septiembre, y también de la muerte de tres normalistas, la de una mujer que viajaba en un taxi y la de dos integrantes del equipo de futbol de tercera división Avispones de Chilpancingo, que fueron agredidos por policías de los municipios de Iguala y Cocula por órdenes del entonces alcalde.

La madrugada del martes, agentes de la División de Inteligencia de la Policía Federal, encabezados por el comisionado Francisco Galindo Ceballos, ingresaron al filo de las 2:30 horas a la vivienda que se localiza en el número 50 de la calle Cedro y aprehendieron, sin disparar un solo tiro, a la pareja más buscada por el Gobierno Federal desde hace 34 días.

Hacía apenas unos días que Abarca Velázquez y su esposa habían llegado a ese domicilio de una de las colonias de mayores índices delictivos en la capital del país. La vivienda, que aparentemente estaba abandonada, se las prestó Noemí Berumen Rodríguez, amiga de la hija del ex alcalde.

José Luis Abarca y María de los Ángeles dormían en un colchón inflable. Junto a él estaban dos maletas –narraron funcionarios federales–; una grande, de color rosa, con la ropa y efectos personales de la esposa. La otra, pequeña, de color negro, que no pesaba ni 10 kilos, contenía las prendas del exalcalde.

Eran las dos y media de la mañana cuando entraron los agentes federales al inmueble sin que sus ocupantes se dieran cuenta. A gritos fueron despertados, y sobresaltados vieron que estaban rodeados por policías.

PRIMERA CAIDA.- Pineda Villa se levantó y nunca perdió lo altanera. Cuando los agentes la tomaron del brazo para sacarla de la vivienda de dos niveles, en la que solamente tenían una mesa de plástico para cuatro personas y encima de ella algunas manzanas, gritó: “¡Ya déjenme, qué se creen!”.

SEGUNDA CAIDA.- Los policías la sometieron de inmediato y le colocaron un juego de esposas. Tomada de los brazos, fue llevada hasta una patrulla. Los funcionarios entrevistados señalaron que José Luis Abarca se mostró pensativo. No opuso resistencia. Cuando ya estaban en la patrulla de la Policía Federal, Abarca Velázquez y su esposa estaban pálidos y asustados. Él dijo que ya estaba cansado de estarse escondiendo, “ya no aguantaba”.

TERCERA CAIDA.- La llamada “pareja imperial” fue puesta a disposición de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, y fue sometida a exámenes médicos y periciales para constatar que no habían sido golpeados.

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