24 de Abril de 2018

Opinión

Ya no hay tiempo para el ajedrez

No más literatura francesa, no más Cervantes, sólo Shakespeare. Ya no hay tiempo para el ajedrez, sólo el enigma de Hamlet.

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Ajedrecista, poeta y cineasta, Marcel Sisniega Campbell murió el pasado  19 de enero  en Xalapa, en donde dirigía la escuela de cine Luis Buñuel. Tenía tan sólo 53 años. Joven prodigio y hombre múltiple. Campeón nacional de ajedrez a los dieciséis años, título que obtuvo 9 veces, y Maestro Internacional a los 18. En 1992 fue el primer mexicano en alcanzar el nivel de Gran Maestro de Ajedrez, aunque antes de él la Federación Internacional de Ajedrez se lo había otorgado póstumamente a Carlos Torre Repetto.

Lo conocí en 78 ó 79 gracias a los buenos oficios de Rolando Armesto, quien batallaba con su primera librería, brindaba café de calidad, protosandwiches italianos en tiempos en los que dominaba el panucho y la torta y los inolvidables postres de su mamá. Organizaba torneos de ajedrez, tal vez pensando que la lectura se daría por contagio en aquellos que, al menos, demostraban conectar sus neuronas mediante el juego ciencia.

Años después, en otra visita, Marcel comentó que pensaba abandonar el ajedrez para escribir poesía, decisión sorprendente y misteriosa para quienes veíamos en él al Fischer mexicano que nos traía a México las glorias de los tiempos de Torre. Fascinante cómo mentes templadas en ciencias duras y algoritmos optan por el arte impulsados por su fuerza interior y elevada sensibilidad.

Pienso en Nicanor Parra, también ajedrecista, matemático, mecánico, cosmólogo, artista visual  y poeta mayor. Casualmente, en un viaje a Chile en 2008, antes de entrevistarse con el gran “Nica” le preguntan al poeta José Ángel Leyva por Marcel Sisniega: “Sólo pude decir que mudó el deporte mental por el cine”. En la charla posterior, el casi centenario Parra, acosado por preguntas sobre el ajedrez y la “deconstrucción” -el libre juego de la escritura supuestamente presente en su “antipoesía”- respondió: No más literatura francesa, no más Cervantes, sólo Shakespeare. Ya no hay tiempo para el ajedrez, sólo el enigma de Hamlet. 

Tal vez, precozmente, el joven prodigio Marcel presagió la pregunta vital y transitó al arte para dejar su huella más allá de la abstracción del tablero. Deja una obra reconocida en la literatura y el cine.

Pero él también, como Torre, fue un relámpago en el firmamento del juego ciencia. Para salvar el milagro, el Maestro Internacional Raúl Ocampo, testigo del genio de Sisniega, publicó en 1994 una selección de sus partidas, con la esperanza de que retornara: Veinte años con el Gran Maestro Internacional de ajedrez Marcel Sisniega Campbell. Los amantes del ajedrez pueden “bajarlo” desde http://elajedrez.org/2012/02/20-anos-con-el-gm-marcel-sisniega-mi.html.

Adiós Marcel, los de aquí seguimos atrapados en la pregunta -¿Ser o no ser?- parcialmente resuelta por Borges: También el jugador es prisionero / (la sentencia es de Omar) de otro tablero /de negras noches y de blancos días. / Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.

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