22 de Julio de 2018

Opinión

Yertas y reyertas

Mi artículo anterior, Reyertas ejemplares, generó enigmático comentario de puntilloso intelectual, diciendo que el sentido de “reyerta” no es el de un altercado o contienda, como consigna la Real Academia, sino una condición deprimida e insuperable de la virilidad masculina.

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Mi artículo anterior, Reyertas ejemplares, que habla del incidente en el que el celoso Mario Vargas Llosa asestó sonoro puñetazo y dejó el ojo morado al célebre García Márquez, generó enigmático comentario de puntilloso intelectual, buen amigo pero crítico feroz, diciendo que el sentido de “reyerta” no es el de un altercado o contienda, como consigna la Real Academia, sino una condición deprimida e insuperable de la virilidad masculina. 

Al parecer, se refiere a “reyerta” como “muy muerta”, siguiendo la costumbre divertida, generalizada y muchas veces involuntaria, de producir a raudales falsas etimologías guiados por la consonancia de las palabras; pero nuestro intelectual no parece hacerlo sin querer, sino a propósito, y nos mete al divertido juego de la etimología popular, descrita por la RAE como la interpretación que se da vulgarmente a una palabra relacionándola con otra de distinto origen; y en el más amplio territorio de las más sofisticadas etimologías imaginarias.

Sea por deporte o por fácil consonancia, han sido ociosamente practicadas por las mentes más brillantes de la historia y también, masivamente, por audaces que al no saber, saben más y más pronto, al contrario de Sócrates que sólo sabía que no sabía nada.

A tono con el clásico de este género, el Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce: “Cerebro, aparato con que pensamos que pensamos”. “Sabiduría, tipo de ignorancia que distingue al estudioso”. Y el rotundo: “Tinta, innoble compuesto… que se usa principalmente para facilitar la propagación de la idiotez y promover el crimen intelectual”.

Pero no siempre es así. ¿Quién puede negar que “pedagoga” es una cantina judía? 

Luego vienen los juegos de pronunciación, en los que el cubano Cabrera Infante fue señor de los ingenios, ayudado por la dicción de ese hermano país: “Cuba é una ila rodeada de mar por todo lado”, mostrando un mapa en que el mar aparece sombreado repetidamente por la palabra “marx”, es decir, “mar” en cubano. 

En este jueguito abstruso es una palabra abstrusa, pues, además de difícil, viene, según la RAE, de abstrusus, oculto, de difícil comprensión o inteligencia. Verle parecido con la voz avestruz no es gratuito, pues la imagen de esta ave ocultando la cabeza con el trasero al aire, ignorando la realidad, asustada y paradójicamente expuesta al peligro, es como creer que ignorar el mundo es ponerse a salvo de él.

En realidad, el significado de avestruz es más trivial, pues se origina en el griego struthion, abreviatura de struthio-kamelos, gorrión y camello, ave tan grande como un camello. Y se puede parodiar con acento muy, pero muy yucateco: “Eres un abstruso camello”.

Woody Allen es también pródigo del juego, por ejemplo: “Bígamo: Idiota al cuadrado”. Lo que me da pie a responder a mi amigo intelectual con esta perla a tono con su interpretación de “yerta” y “reyerta”: acuérdate que “después de los 60, todos pertenecen al sexo débil”.

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