24 de Septiembre de 2018

Opinión

Yo Presente Vs Yo Futuro

En México la expectativa de vida para una persona es de 76 años. Así que estadísticamente es muy probable que tengas una larga vida y llegues a ser ese anciano dependiente y vulnerable.

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Hay un anciano que ha perdido la vitalidad, no tiene la fuerza de antaño y se enferma con facilidad. Es vulnerable y en gran medida dependiente. Te necesita para afrontar la vida, para tener techo y comida, para pagar sus gastos médicos. Te pide dinero para poder vivir una vejez con dignidad, pero la mayoría de las veces se lo niegas.

En México la expectativa de vida para una persona es de 76 años. Así que estadísticamente es muy probable que tengas una larga vida y llegues a ser ese anciano dependiente y vulnerable.

En este sentido, cada uno de nosotros somos dos personas: Yo-Presente y Yo-Futuro. Para la mayoría de la gente es mucho más importante el Yo-Presente; pues al final de cuentas es quien está  presente y sus necesidades y deseos casi siempre tienen preferencia sobre las de Yo-Futuro. Este último depende casi por completo de las decisiones del primero. Ejemplo: Si Yo-Presente adquiere una deuda, obtiene una gratificación pero será  Yo-Futuro quien tendrá que pagar.

NuestroYo-Futuro, al no existir todavía, no puede defenderse; lo cual implica que las decisiones de nuestro Yo-Presente deben ser responsables para que tengan una afectación positiva sobre la vida de Yo-Futuro.

Sabiendo lo anterior, ¿ahorrarías dinero hoy para ese anciano que llevas dentro (en el cual te convertirás en un futuro)? 
Lo más probable es que me contestes que sí, pero lo más seguro es que no lo hagas. Las estadísticas no mienten: siete de cada 10 mexicanos no tienen ningún plan para el retiro y sólo el 26% de la población económicamente activa ahorra para su jubilación.

¿Por qué nos es tan difícil ahorrar? Porque visualizamos el ahorro (aunque sabemos que podemos usarlo en el futuro) como una merma a nuestra capacidad de compra presente, y no comprar lo asociamos con privarnos de la gratificación inmediata que nos daría ese dinero si lo destináramos a adquirir algún bien o servicio.

Así pues, le negamos dinero a ese viejito que sólo quiere una vejez digna.

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