17 de Diciembre de 2017

Opinión

Yo sí tengo abuela

La bendición de una prolongada vida, a pesar de los achaques propios de la edad, pues el precio de vivir es el envejecer.

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Se llama Alicia y antier cumplió 97 años, su  familia está feliz por este afortunado acontecimiento y el día de hoy  festejaremos su fecunda longevidad. “Chichi Ali” es el tronco familiar de 8 hijos, 37 nietos, 86 bisnietos y 16 tataranietos; este árbol familiar,  abonado con los parientes políticos,  continúa ramificándose y diversificándose  con genes de otras nacionalidades.

El padre Cronos  ha conservado  sus capacidades intelectuales que permanecen más intactas que las de algunos de sus nietos y eso la hace disfrutar más y mejor –la conservación,  no la comparación– la bendición de una prolongada vida, a pesar de los achaques propios de la edad, pues el precio de vivir es el envejecer, pero el “arte de envejecer es   mantener alguna esperanza”; afortunadamente la cuota que  ha pagado no ha sido muy alta, ya que todavía tiene un buen libro para leer y un Cristo a quien rezar.

Durante estos años su vida también ha navegado por mares tormentosos, como fue perder una hija y al marido; quizá eso templó su carácter, ya que el mejor acero es el que más rojo queda en la fragua, pues en todos los años que llevo de conocerla nunca la he visto perder la compostura ante sus problemas y los de sus seres queridos, ni ante la pérdida de ellos y siempre con una actitud consoladora ha endulzado estos sinsabores,  producto de la sabiduría que  dan los años permitiéndole entender mejor la vida y compartirla generosamente. Las pocas veces que he visto límpidas y cristalinas gotas rodar por sus mejillas,  escasas de rítides, han sido por la felicidad con que la vida la ha premiado.

Doña Alicia fue la primogénita de Enrique Ávila V., maestro muy querido y reconocido en su natal Tekax, donde una escuela y un teatro llevan su nombre y la unidad deportiva tiene el de uno de sus nietos, tocayo del bisabuelo, Enrique Cerón Espinosa, por su destacada y apasionada promoción del deporte tekaxeño. En su familia  se han formado maestros, licenciados, psicólogas, comunicólogas, buenos reposteros,  exitosos deportistas, médicos y hasta un joven diputado y no es para decir, como diría Pompín , “qué bonita familia, qué bonita familia”, sino para recordar la importancia  que tiene el ambiente familiar como el  almácigo en el que germinan los valores y  los retos para formar comprometidos ciudadanos, porque si  se han globalizado los antivalores y la delincuencia, es en gran parte por la disfuncionalidad de la familia, ya que la solidez del tejido social  nacional lo proporciona la fuerza de la célula familiar;  quien no siente orgullo por su familia, menos lo tendrá por su nación.

Hoy, cuando mi abuela  vea en su familia reunida la senda que no  ha de volver a pisar, podrá decir serenamente: “¡Vida, nada me debes!¡ ¡Vida, estamos en paz!”. Y yo esperando que la longevidad sea hereditaria.

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