26 de Septiembre de 2018

Opinión

#YoSoyPlayense

Una cuestión interesante es la incorporeidad de internet. El hecho de que no exista físicamente provoca singulares situaciones, la mayoría cómicas, algunas trágicas, pero todas tristes...

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Una cuestión interesante es la incorporeidad de internet. El hecho de que no exista físicamente provoca singulares situaciones, la mayoría cómicas, algunas trágicas, pero todas tristes, pues revelan que los mexicanos –en especial los quintanarroenses- estamos muy lejos de comprender lo que es ser un ciudadano digital. 

El pasado fin de semana, Carla Toledo y Ariel Urtaza, encargados del popular grupo en Facebook “Soy Playense”, fueron objeto de sendos ataques verbales, supuestamente legales, acusados de fraude y vituperados por un problema entre particulares que escaló a ciertos espacios de comunicación tradicionales. 

Hasta acá, todo “bien”, pues no pasaba de un asunto entre los afectados. El problema radica en que pocos o nadie de los que entraron a hacerle montón a @SoyPlayense, se tomó la molestia de conocer la opinión de ambas partes. Para muchos usuarios del grupo, el hecho de que los administradores fuesen acusados, funcionó como prueba única de su “culpabilidad”, se dio por hecho que el escándalo era cierto, y sacaron a relucir sus quejas y opiniones sobre lo que el grupo debería ser, pues según su concepto de la propiedad, les pertenecía por ser miembros y exigían “cuentas claras”, aunque ninguno supo decir sobre qué. 

Pongamos de lado el triste texto que sobre este caso llegó a ciertos medios tradicionales. Es desmotivador, al menos para quien escribe, darse cuenta de cuanta ignorancia permea aún en la mente de los usuarios de las redes sociales: tantos casos falsos se han documentado, que parece imposible que aún crean el primer chisme que leen, sólo porque va en contra del “dueño” de “algo”. 

Pareciera, como ciertos miembros de @SoyPlayense dijeron, que el objetivo del ataque no fue buscar justicia por un supuesto agravio, sino tirarle tierra a los administradores del grupo para tomar su lugar, ya sea por coraje o envidia, pues es muy cierto que este espacio en Facebook no sólo es popular, sino de gran influencia en Playa del Carmen, mucha más que la que cualquier político o pasquín será capaz de lograr con sus “bots” y usuarios pagados. 

Taylor Trump 

Dicen que cada quien lee lo que le conviene, y esta máxima de la comunicación digital fue un perfecto ejemplo de la manipulación mediática a expensas de la cantante Taylor Swift, sobre quien se aseguró que apoyaba las políticas migratorias del aspirante a candidato presencial republicano Donald Trump. 

Las redes sociales en México explotaron en repudio a la popular intérprete, mucho más, cuando medios de comunicación del calibre de CNN, Excélsior y Televisa, daban por cierto el dato,  amparados en el “según información de TMZ”, siendo este último, un sitio web de probada importancia y credibilidad sobre el mundo de la farándula. 

El hecho fue falso. Buscando pruebas del supuesto “affaire” de Swift, nadie puedo encontrar la nota original. Eso sí, esto no detuvo a ciertos medios para poner en sus páginas web la noticia a “ocho columnas”, a fin de atraer tráfico y no quedar fuera del jugoso escándalo. Sin embargo, el trabajo periodístico -que algunas veces se desprecia en internet-, demostró el oportunismo e hizo que los portales se retractaran, aunque el daño ya estaba hecho. 

¿Por qué es importante esta notita “x” sobre una cantante?  Porque demuestra cuán sencillo es manipular la mente de las mediatizadas redes sociales. Basta darles lo que quieren para que lo acepten sin cortapisas, lo difundan y conviertan la mentira en una realidad “comprobada”; ya sea en algo tan banal como la opinión política de una estrella, o algo más personal y cercano, como el ataque a @SoyPlayense. 

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