22 de Septiembre de 2018

Opinión

Youth

La cinta se constituye en una intensa reflexión filosófica, por momentos hasta conmovedora.

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Fred Ballinger (Michael Caine) y su amigo de toda la vida Mick Boyle (Harvey Keitel) están de vacaciones en un resort y spa al pie de los Alpes suizos. Fred es un director de orquesta retirado y se encuentra con su hija Lena (Rachel Weisz), Mick es un cineasta que está acompañado de varios jóvenes colaboradores, y juntos intentan concluir el guión de la que pretende ser su última película, su consagración, para la cual ha pensado otorgar el papel estelar a su amiga, actriz y diva del mundo del cine Brenda Morel (Jane Fonda). 

Un emisario de la Reina Isabel II visita a Ballinger para intentar convencerlo de que dirija de nuevo una orquesta, en un concierto que se llevaría a cabo en Buckingham con motivo del cumpleaños del príncipe Felipe.

Cuando el director Paolo Sorrentino escribió el guión de este filme, lo hizo teniendo en mente a Michael Caine como protagonista del mismo y no se equivocó: el ganador de un Oscar hace brillar este personaje como probablemente ningún otro actor pudiera haberlo hecho.

Además coincide en este resort vacacional un conjunto de ocurrentes y singulares personajes, como Jimmy Tree (Paul Dano), un actor atrapado en la fama de uno de sus personajes previos que a él mismo no le agrada, y que en este ambiente relajado intenta interiorizarse en un nuevo papel que interpretará en breve. Aunque no se menciona su nombre, resulta obvio que quien exhibe un impresionante sobrepeso, al grado de necesitar continuamente del oxígeno embotellado que su diligente esposa le suministra, es el ex astro argentino del balompié, Diego Armando Maradona (Roly Serrano), y una extremadamente sensual Miss Universo (Madalina Diana Ghenea).

La cinta se constituye en una intensa reflexión filosófica, por momentos hasta conmovedora, que transita hábilmente entre conceptos agudos y profundos como la vida y la muerte, la juventud y la vejez, soledad y amistad, el amor, la decadencia, y la fidelidad. Los diálogos, ingeniosos y provocativos, están llenos de frases que facilitan este ejercicio reflexivo.

La fotografía, a cargo de Luca Bigazzi, hace de cada escena una obra de arte en cuanto a su composición, aunque por momentos me da la impresión de que la iluminación es muy rígida, creando fuertes contrastes que en lo personal no me agradan y que hubiera preferido más tenues. La música a cargo de David Lang es delicada y muy hermosa.

No es una película fácil para cualquier gusto, me tocó ver un espectador y su pareja que abandonaron la sala. Los paisajes naturales son sencillamente sobrenaturales y casi podría asegurar que, si no te gusta la historia, sólo la admiración de estas fantásticas vistas harán que valga las palomitas. La escena que más me gustó fue cuando Fred, sentado en el tronco de un árbol talado, dirige imaginariamente una orquesta de vacas y otros ejemplares de fauna y flora del paisaje circundante. 

Aunque sospecho que si ves el filme te asaltarán serias dudas acerca de mi sinceridad en este último comentario.

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