21 de Octubre de 2018

Opinión

Un Yucatán diferente

Poco a poco los caminos del Mayab comienzan a dejar el blanco y se tiñen de color carmesí.

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Los caminos del Mayab comienzan a dejar el blanco y poco a poco se tiñen de color carmesí. Cuando nos preguntamos los yucatecos ¿qué significa vivir en Yucatán?, las respuestas giran en torno al orgullo de vivir en un Estado tranquilo, seguro y pacífico, e inclusive durante muchos años presumíamos de ser la entidad más segura del país, título que nos fue arrebatado el año pasado por el Estado de Hidalgo, de acuerdo con el Instituto para la Economía y La Paz.

Y aunque algunos personajes de la vida política quieran minimizar este hecho, la realidad es esa. A escasos meses del año que transcurre, el impacto más duro y constante ha sido, al leer el periódico o revisar las redes sociales, percatarnos de que algo atípico está ocurriendo. Apenas la semana pasada las notas rojas nos señalaban que ya nada será como antes, los dos cuerpos sin vida en el Periférico, cuyas muertes no han sido esclarecidas, sucesos que hasta hace algunos años hubieran escandalizado a toda la sociedad, ahora 'parecen' no tener mayor relevancia, o no le estamos dando la importancia que tienen estos casos.

Inclusive los encargados de proporcionarnos el derecho que como ciudadanos, yucatecos o no, tenemos de vivir en un ambiente de tranquilidad, prefieren callar que afrontar la realidad; nuestras políticas de prevención del delito están quedando muy pequeñas para una sociedad yucateca que está evolucionando exponencialmente y que ha comenzado a naturalizar los procesos de violencia, y a aceptarlos como si fueran propios. Aventuro que alguna de las causas es la baja percepción en la resolución de casos en nuestro Estado, tal como queda en evidencia en los resultados del 'Semáforo Delictivo', donde Yucatán ocupa el 9o lugar como el más impune, muy por arriba de la media nacional.

Y muchos de los ciudadanos, en vez de culpar a los verdaderos responsables y exigir cuentas claras a las instituciones gubernamentales, prefieren señalar con incordio a aquellos que proceden de fuera del Estado, los llamados 'fuereños', que no son la causa del problema, sino la muestra de la arraigada actitud xenofóbica que tenemos muchos yucatecos.

Hermann Hesse decía: 'Cuando odias a una persona, odias algo de ella que forma parte de ti mismo', lo cual se asemeja a la realidad, ya que cada vez nos parecemos más al resto del país, y ante la problemática de seguridad muchos prefieren mirar a otro lado, pensar que nunca les va a pasar aquello que aqueja al prójimo, lo que denota un claro estropicio de nuestro tejido social.

Si bien el gobierno en sus instancias, tanto federal, como estatal y municipal, deben cuadruplicar sus esfuerzos en la prevención del delito y asegurar justicia a todas las víctimas, lo que nos toca como sociedad es estar vigilantes, demandantes, pero siempre con actitud cooperadora, sobre todo porque tenemos que recuperar nuestros valores, conocer a nuestros vecinos, ayudar a los vulnerables; ser yucatecos, de nacimiento o por convicción, que trabajen día a día por un mejor Yucatán, el Yucatán que merecen las siguientes generaciones.

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