20 de Septiembre de 2018

Opinión

'El Zombi' adolorido

'El Chapo' tiene demandas en al menos siete estados como Arizona, California, Texas, Illinois, Florida, Nueva York y New Hampshire, pero sólo se inició su proceso de extradición por dos.

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Ahora resulta que Joaquín Archivaldo (¿alguien sabía que tenía ese segundo nombre?) “El Chapo” Guzmán Loera está enfermito y anda de acusón porque, según él, sufre maltrato psicológico en el penal de máxima seguridad, en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde actualmente está recluido.

Según declaró durante la realización de un reciente peritaje, el aislamiento en que se encuentra le ha provocado sentirse "mal del cerebro" y que se le olvidan cosas que debe platicar con su abogado. Que lo están convirtiendo en zombi. Ajá.

El otrora líder del Cártel de Sinaloa afirmó que se "acuerda del pasado, pero no de cosas recientes". Pero también habla lindezas y ternuritas como, por ejemplo, que su infancia fue muy bonita, que su abuela tenía ganado y ella ordeñaba. “Ella era muy mandona con nosotros, mi abuela me mandaba por una vaca y si no se la traía, me pegaba. Me decía: hínquese ahí y había que hincarse, si no me iba peor. Mi abuelo era normal, muy poco me pegó mi abuelo”. Ay, qué chulada de chamaco.

En dicho peritaje, “El Chapo” asegura sentirse “mal del cerebro”. “Se me están olvidando las cosas; para ir al baño a bañarme se me olvida la toalla; se me olvidan cosas que tengo que platicar con el abogado; el medicamento me trae muy mal, pero lo necesito y se lo pido al doctor; me encuentro aislado de la población; no convivo con otros internos; solamente miro a los policías".

Ahora resulta que este distinguido chamacón del narcotráfico y mago del escapismo, está malito. Claro está que ya no debe acordarse de todo lo que ha ocasionado a lo largo de su trayectoria criminal. Veamos algo de su “ejemplar currículum”.

Recordar que Joaquín Archivaldo se fugó, en 2001, de la cárcel de máxima seguridad de Puente Grande, en Jalisco, luego de haber sido capturado por vez primera en 1993. En ese entonces, el capo enfrentaba una pena de 20 años y nueve meses de prisión, de los cuales sólo cumplió ocho. De no haberse fugado, por estas fechas ya habría cumplido con esa sentencia y chance estaría en libertad como blanca palomita.

La condena que debía purgar era resultado de tres procesos penales, en los que se le acusaba en conjunto de haber cometido los delitos de asociación delictuosa, cohecho, contra la salud en la modalidad de posesión y tráfico de cocaína, acopio y portación de armas de fuego, daño en propiedad y ataques a las vías generales de comunicación.

También había tres procesos más en su contra, pero el tipo se fugó antes de que se le dictara sentencia. En ellos se le acusaba de homicidio, asociación delictuosa contra la salud, contra la administración de la justicia, tráfico de influencias, portación y acopio de armas de fuego, uso indebido de insignias, usurpación de funciones y secuestro. Poca cosa.

De entrada, a “El Chapo” y su Cártel de Sinaloa se les vincula con la disputa que derivó en la balacera donde murió el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en el aeropuerto internacional de Guadalajara, en mayo de 1993.

Por si no lo sabían, estimados lectores, un estudio elaborado por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) señala que entre diciembre de 2006 y julio de 2010 ocurrieron en el país 28 mil 353 homicidios relacionados con la delincuencia organizada, y el 84 por ciento de ellos, ligados al Cártel de Sinaloa del propio Guzmán Loera. Dicen por allí, de acuerdo a testigos, que “El Chapo” estaría vinculado de forma directa con, por lo menos, 3 mil de esos 28 mil y pico de crímenes. Poquito.

Y en los “yunaites”, Joaquín Archivaldo tiene demandas en al menos siete estados como Arizona, California, Texas, Illinois, Florida, Nueva York y New Hampshire, pero sólo se inició su proceso de extradición por dos: el de la Corte Federal de Distrito para el Distrito Oeste de Texas, emitida en abril de 2012; y el de la Corte de Distrito para el Distrito Sur de California, en septiembre de 1995.

El caso abierto en California ya cumplió 20 y sólo contiene un cargo: asociación delictuosa para importar y distribuir cocaína.

Ahora, la demanda en Texas es mucho más grande y el capo mexicano, por lo menos, enfrentaría 14 cargos relacionados con asociación delictiva, delitos contra la salud, delincuencia organizada, posesión de armas, homicidio y lavado de dinero. ¿Algo más?

Precisamente, esta última demanda indica que Guzmán Loera es el líder de la “empresa del Cártel de Sinaloa” (empresa, no; consorcio, sí) que está a cargo de actividades ilícitas de comercio al interior y exterior tanto de Texas para traficar toneladas de cocaína y mariguana, así como lavado de billetes.

Por si fuera poco, “El Chapo” está acusado de “preservar y proteger el poder, territorio y los beneficios de la firma a través de la intimidación, la violencia, amenazas, secuestro, tortura y asesinato”. ¡Ejemplar empresario, sí señor!

Y ahora resulta que este pillo dice que lo maltratan en el tambo. Cierto, con seguridad ya le falla el cerebro y como no toma sus “chochos” a tiempo se le olvida que sumió en las más profundas desdichas a miles de familias –sin relación con el narco- por el asesinato de sus seres queridos. El mundo está al revés.

Amiguitas y amiguitos, ya saben: sugerencias para que “El Chapo” protagonice la nueva serie televisiva “Archivaldo, el zombi con migraña”, enviarlas a [email protected] y/o [email protected]

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