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Los pigmentos de las tintas empleadas contienen hollín, óxidos metálicos y sales. (Archivo/Sipse)
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José Salazar/MÉRIDA
Cada vez es más común observar personas que se han realizado tatuajes, práctica que puede provocar complicaciones en el sistema inmunológico con el trascurso de los años, según estudios científicos recientes, debido a que los pigmentos de las tintas empleadas contienen hollín, óxidos metálicos y sales.

La Fundación Mexicana de Dermatología estima que tres de cada diez personas tiene al menos un tatuaje en su cuerpo, práctica que puede causar desde alergias hasta enfermedades de transmisión sanguínea.

Además, especialistas en la materia consideran que siete de cada diez tatuajes que son realizados en menores de edad, son producto de una decisión tomada luego de una noche de “fiesta”, donde la persona pudo estar bajo el influjo del alcohol o drogas.

Sin embargo, lo estético pasa a segundo plano, ya que los estudios científicos recientes advierten que algunos componentes de la tinta para tatuar suponen un riesgo para la salud, ya que no han sido creados para ser inyectados en el cuerpo humano.

El 30 por ciento de los colorantes que se emplean en las tintas están autorizados para su uso en productos cosméticos. Además, estas pinturas tienen más de 100 colorantes y aditivos que pueden llegar a ser tóxicos.

Las sustancias son poco o nada tóxicas si ingresan al organismo vía oral. No obstante, la respuesta inmune frente a determinados compuestos colorantes suele ocasionar un enrojecimiento de la piel que, muchas veces, dura mucho más que la reducida inflamación primaria.

Borrarlo es complicado

Orlando Isaías Piña Basulto, especialista en Dermatología Clínica de la Torre Médica Millenium Altabrisa, advirtió que “borrar” un tatuaje es muy complicado y puede generar complicaciones serias en lo físico, además de que puede resultar muy costoso.

Explicó que cuando la tinta se impregna en capas profundas de la piel, es muy difícil retirar el tatuaje y en estos casos será necesario recurrir a una cirugía en quirófano con asistencia general.

Después de la intervención, quedará una cicatriz que puede ser de grandes dimensiones.

Estudios realizados por científicos alemanes y franceses encontraron en las áreas tatuadas, un incremento en el tamaño de los ganglios linfáticos y sus moléculas orgánicas sufrieron cambios.

De acuerdo con los investigadores, el sistema inmunológico percibe esos compuestos metálicos como cuerpos extraños, por lo que dicha acumulación permanente puede producir inflamaciones cutáneas y otros problemas.

“No podemos evitar que la gente se realice tatuajes, es algo que está muy difundido, pero sí podemos hacerles llegar la información sobre los riesgos que eso conlleva para que tomen una decisión razonada", concluyó el doctor Piña Basulto.

 

 

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