18 de Noviembre de 2018

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“La monja”, decepciona

Sus productores ahora prueban que también pueden hacer malas películas...

La falta de propósito es el demonio de la película.  (Contexto)
La falta de propósito es el demonio de la película. (Contexto)
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Por Rafael R. Deustúa

En principio la escenografía, encuadres e iluminación de “La monja” son prometedores, rápidamente crean un par de escenas impactantes que intrigan. Un poco más tarde reflexionas acerca de qué otras cosas se pueden hacer en 97 minutos con el dinero que gastaste en los boletos mientras Demian Bichir, Taissa Farmiga y Jonas Bloquet pasean lentamente por un convento de cartón.

 Es 1952 y el Vaticano encomienda a su mejor caza-demonios (evitan decir exorcista), el padre Burke, que investigue la muerte de una monja en un antiguo convento rumano; le acompaña una novicia a punto de tomar los votos, Irene. En el convento se encuentran con el campesino que descubrió el cadáver y juntos se convierten en los ratones de laboratorio de un director sin una idea clara de lo que hace.

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 La falta de propósito es el demonio de la película. Obvio que los productores querían explotar más su franquicia y mantener la en la mente de las audiencias, pero el libretista Gary Dauberman no ofrece explicaciones de casi ningún personaje y menos del villano; se limita a decir, estos son buenos y pelean contra el malo y añade muchos clichés de las películas de terror de los cincuentas.

 Por su parte Corin Hardy logra algunos buenos momentos en su narración y al menos un par de excelentes tomas, pero la mayoría parecen copia de las viejas películas de cazadores de vampiros, sólo que Van Helsing es un clérigo de acento mexicano y apellido irlandés. Para compensar añade muchos más sustos del promedio de la franquicia, pero como no existe un propósito de los sustos o el monstruo, terminan siendo repetitivos.

 La dirección de arte combinó los elementos más clásicos de las películas de la Hammer, de hace medio siglo, con una iluminación que puede verse en algunos bares de moda, lo cual crea un extraño efecto hipster. Deja la clara sensación de que usaron escenografía prestada y estiraron su presupuesto lo más que pudieron.

 En actuaciones Bichir y Fatmiga hacen lo que pueden, pero ni el libreto ni sus personajes les dan espacio para trabajar. Por el contrario Bloquet roba cámara en más de una ocasión pues es la comparsa cómica, tenía más libertad.

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