20 de Septiembre de 2018

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Persecución al límite... sin sentido

El director se esmera en las secuencias de acción y logra cosas interesantes.

El director se esmera en las secuencias de acción y logra cosas interesantes. (Contexto/Internet)
El director se esmera en las secuencias de acción y logra cosas interesantes. (Contexto/Internet)
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Por Rafael R. Deustúa

Se cree que el trabajo de los agentes de los actores es cobrar su porcentaje por los sueldos alucinados que reciben sus representados, lo cual es falso. Un buen agente cultiva a sus representados desde que son “don nadies” y los envía a buenos castings. Cuando un intérprete tiene una filmografía de puros éxitos suele ser gracias a su agente y aunque no sepamos eso, identificamos que “fulanito” siempre sale en buenas películas... hasta que nos topamos con algo como “Persecución al límite”.

Nicholas Hoult (Mad Max) y Felicity Jones (Rogue One) se encandilan mutuamente en un bar de Berlín, pero para seguir su romance él accede a dejar su vida criminal. Pero su amor se interrumpe cuando ella resulta tener una grave enfermedad y para sobrevivir requiere de un trasplante y 200 mil dólares. Hoult busca trabajo con su antiguo patrón, Ben Kingsley, quién lo manda a robar un camión de cocaína de Anthony Hopkins. Todos los personajes tienen otros nombres, pero no importa, pues ningún actor los interpreta.

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Bueno, quizá sea injusto con los actores, ni el director Eran Creevy o el guionista F. Scott Frazzier les dan papeles que valga la pena interpretar, o al menos tomarse en serio. Los diálogos pueden ser predecibles y melodramáticos, sí, pero si el personaje te importa haces caso a lo que diga y en éste caso ninguno despierta simpatía. Todo es un montaje para justificar una larga persecución automovilística en la que cada que Hoult despedaza un coche, es capaz de robar otro mejor en cosa de segundos.

El director se esmera en las secuencias de acción y logra cosas interesantes, en particular porque varias de las secuencias parecen ser acción real y no efectos digitales, lo cual añade mérito. Sin embargo el impacto disminuye si no estas involucrado con la historia y lo ves con desapego emocional.

Otro problema para Creevy, director novato, es que no supo qué hacer con Anthony Hopkins y Ben Kingsley. Parece que ellos actuaron a su antojo creando parodias de sus villanos y siendo estos ridículos, el héroe lo es también.

Entré a ver la cinta atraído por los nombres del cartel, pero con un poco más de atención pude haber visto que el director era un novato y el guionista era el de “XXX: Reactivado” -pésimo libreto-. No pude ahorrarme el boleto y mi tiempo, pero usted sí.

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