17 de Noviembre de 2018

Yucatán

El espejo embrujado y el hechicero del manicomio

Dos relatos estremecedores que llegan a esta sección desde la villa de Baca.

El presunto hechicero, quien afirmaba no ser un enfermo mental, gritaba cada vez que le acercaban una cruz. (Jorge Moreno/SIPSE)
El presunto hechicero, quien afirmaba no ser un enfermo mental, gritaba cada vez que le acercaban una cruz. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hoy presentaré dos relatos que me platicó Miguel Alberto Sansores Torres, oriundo del municipio de Baca y aficionado a este tipo de temas:

“Hace unos años adquirí un espejo en una tienda de antigüedades de la ciudad de Mérida, que se ubica por el suburbio de Santa Ana y lo llevé a mi casa, de pronto empecé a darme cuenta que al observarlo se veían rostros como de personas angustiadas o de dolor, y por si fuera poco, el espejo cambiaba de posición sin que hubiera viento o alguna explicación lógica para ello.

“El espejo es de estilo francés, del siglo XVIII. Como me atrae ese tipo de reliquias, por eso lo adquirí, lo había puesto en mi cuarto junto a unos libros y a unos adornos.

“Al ver lo que estaba pasando, decidí deshacerme de él y se lo vendí a un amigo que vive en Mérida, pero no le dije nada de lo que ocurría con el espejo.

“Mi amigo vivía en el fraccionamiento Brisas, era recién casado y como necesitaba un espejo en su habitación para su esposa, le cayó como anillo al dedo.

“A los pocos días me llamó y me dijo lo que les ocurrió, algo muy similar a lo que yo viví, ya que me contó que en una ocasión, cuando su esposa se desmaquillaba, ella vio los rostros de angustia y desesperación, e incluso, se percató de una mano haciendo movimientos rápidos, como pidiendo ayuda.

“Un vidente me dijo que ese espejo estuvo en un Hospital Militar en el siglo XVII y por ese motivo habían quedado dentro del mismo esos rostros de dolor, los cuales eran de los pacientes y heridos que acudiron a la clínica; fue una especie de magia que le hicieron al espejo y por eso continuó ocurriendo aún varios años después”.

Cuestionado sobre en dónde está el espejo, dijo: “Por desgracia, mi amigo también vendió el espejo en un tianguis y no hay pistas de quién lo compró o dónde se encuentra actualmente”.

El brujo del psiquiátrico

Otro caso que platicó Sansores Torres fue sobre un señor que tenía costumbres extrañas, pues siempre le gustaba estar solo, prendía velas por las noches, leía libros de magia negra y brujería y también había matado a varios animales, como gallinas, conejos, cuervos y borregos, como sacrificio para sus rituales.

Esta persona era pasante de Veterinaria, por lo que tenía conocimientos del tema, pero lo aplicó en forma negativa, ya que, en una ocasión, destripó a un borrego, le inyectó líquidos para que se conservara y lo dejó así, para que le sirviera en uno de sus rituales de brujería.

Los vecinos le tenían miedo, ya que, según cuentan los que vivían al lado de la casa, que una vez escucharon relinchidos de un caballo que provenían del patio de esa persona, y como sabían que él no tenía equinos (además de que su patio era pequeño), acecharon y no vieron nada, pero en ese instante vino un viento muy fuerte, como huracanado, que incluso tiró algunos árboles.

Ante esto, decidieron llamar a la Policía, cuyos agentes, tras ver lo que estaba pasando, se llevaron detenida a esta persona; al notar que era medio raro le hicieron estudios médicos y psicológicos, y llegaron a la conclusión de que no estaba bien de sus facultades mentales.

Sus familiares lo internaron en un psiquiátrico que estaba en la Ciudad de México, aprovechando que tenían parientes en dicha metrópoli, pero, lo impactante de esta historia ocurrió precisamente ahí, ya que esta persona, en sus momentos de lucidez, decía que quería retornar a su natal Campeche y, para demostrar que era un brujo y que no estaba loco, ofreció una prueba a los doctores y enfermeros:

“Delante de todos ellos hizo que le crecieran gruesos bellos en ambos brazos, al tiempo que se le formó un gran tatuaje en la espalda (de un dragón sacando fuego) y empezó a aullar muy fuerte, de una forma descomunal”.

“Esto me fue platicado por un pariente cercano de esta persona que conocí en Baca; hasta la fecha, al parecer, el brujo sigue recluido ahí bajo fuertes medidas de seguridad”, finalizó.

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