11 de Diciembre de 2017

Riviera Maya

Artesano del vidrio vuelve ‘museo’ su taller

Además de generar 13 empleos, Carlos Salazar da visitas guiadas a estudiantes de Playa del Carmen.

Carlos Salazar Martínez hace esculturas con vidrio soplado en su taller de Playa del Carmen. (Adrián Barreto/SIPSE)
Carlos Salazar Martínez hace esculturas con vidrio soplado en su taller de Playa del Carmen. (Adrián Barreto/SIPSE)
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Adrián Barreto/SIPSE
PLAYA DEL CARMEN, Q. Roo.- Proveniente de Guadalajara, Carlos Salazar Martínez impulsa una fábrica de vidrio soplado que además de generar 13 puestos de trabajo busca preservar su arte a través de visitas guiadas que ha propuesto ya a algunas escuelas.

“Yo más estoy interesado en promover con los niños en las escuelas y en el comercio, no tanto en hotelería, sino a dar a conocer el arte de vidrio soplado porque se está perdiendo, se está devaluando tanto que en otros lugares del país a veces ya no quieren pagar el precio de esto que es artesanía”, dice.

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Ya hace 11 años que Carlos comercializa las piezas que su papá hace en Guadalajara en una tienda que se ubica en la calle 80 casi con carretera federal, en la colonia Ejidal Norte, pero desde octubre puso la fábrica que se ubica en la avenida Chemuyil, a la altura de La Toscana, donde también hay una tienda para la venta al público.

Ahí hay vasos con filo de color en 31 pesos o uno granizado (colores) en 39, y de ahí parten los costos según el tamaño y la complejidad de las piezas, aunque también se venden al mayoreo a partir de los 2 mil 500 pesos de compra.

Para realizar su labor en la fábrica compran vidrio para reciclar a quienes lo recolectan de las calles, generando un incentivo económico para otras cinco personas, además de las 13 que trabajan directamente en la fábrica en donde se consumen en promedio 400 kilos de vidrio para reciclar al día y a veces se han quedado cortos, por lo que se para un poco la producción.

El proceso

El vidrio se pone en carretillas y se echa al horno, que tiene temperaturas entre mil 150 a mil 250 grados centígrados para fundir el vidrio; después con las cañas, que son tubos de fierro, lo sacan y comienza todo el proceso artesanal.

El ayudante hace la primera pieza que se llama posta, que es para hacer colores sólidos para la orilla de los vasos o platos, luego el soplador recubre la pieza con más cristal y le da una preforma en moldes de aluminio.

“Luego se pasa al apuntilador que vuelve a calentar la pieza y se la pasa al maestro para darle la forma final a la pieza, el maestro le da la temperatura adecuada para terminar la pieza. Por último el pasador lleva la pieza al templador, ahí se queda la pieza y se revisa que la temperatura esté en los 500 grados y que no haya variaciones mayores para que no se quiebre la pieza”, explicó Carlos Salazar Martínez.

Después de concluido ese proceso descrito, se pasa al área de revisado y si todo está bien se empaca. En Guadalajara se pueden llegar a hacer miles de piezas para un solo cliente, pero aquí el record es de 200 en un solo pedido.

Salazar considera que este tipo de artesanía que tiene muchos años de historia se debe revalorar otra vez en México.

“El extranjero es el que aprecia todo esto, cuando vienen a comprarnos los extranjeros se emocionan mucho, les encantan los vasos en Xel-Ha lo he visto, y los restauranteros no deben perder esa oportunidad que es un valor agregado, y así ganamos todos”, expresó.

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