19 de Octubre de 2018

Quintana Roo

Crean niños espacios incluyentes en Cancún

Los pequeños regulares y especiales aprendan a compartir el aprendizaje y el juego.

Los niños salen a hacer educación física y también comparten la comida. (Consuelo Javier/SIPSE)
Los niños salen a hacer educación física y también comparten la comida. (Consuelo Javier/SIPSE)
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Lara Alfaro/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Al pasar por un lado de la escuela “José Vasconcelos” se percibe como un centro de educación más de la ciudad, sin saber que entre sus paredes hay 90 niños entre regulares y especiales que comparten cada día de su vida sin ningún tipo de distinción. 

Cuando llega el momento del recreo salen a los pasillos y al parque, pequeños que cursan entre primero y sexto grado con autismo, asperger, síndrome de down, retraso neuromotor y trastorno de atención e hiperactividad para  jugar espontáneamente con sus compañeros.

Este programa de integración surgió hace 11 años, trabajan con 15 niños por salón y de éstos máximo cuatro son especiales, comparten las horas de clases y luego quienes tienen alguna discapacidad van a terapias especiales para el desarrollo conductual, del lenguaje y motricidad, informó Patricia Ruiz Valle, psicóloga del centro. 

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“Desde que empiezan el día todos pertenecen a un grupo, salen a hacer educación física, comparten la comida y hacen sus prácticas con el equipo de fútbol, este último es un proyecto donde unimos a niñas y niños, regulares y especiales con el objetivo de que aprendan a compartir con el juego, al principio se molestaban, pero ahora aprendieron a tolerarse y disfrutan cada vez que salen al campo”.  

Parece contradictorio, pero una de las barreras a vencer fue la posición de los padres de niños regulares, quienes sentían que al inscribir a sus hijos en la escuela, les estaban haciendo un favor a los pequeños especiales.

“No es fácil hacer entender a los adultos, con frecuencia tienen la impresión que al compartir el mismo salón con un compañero sin sus mismas capacidades no van a aprender bien, con el tiempo hemos roto muchos paradigmas y al final se dan cuenta que son sus hijos los que aprenden de quienes tienen alguna discapacidad”, agregó la especialista.  

Satisfacciones personales

Para Isabel Caballero Chan, los ocho años que lleva trabajando como maestra en la institución le han dejado muchas satisfacciones personales, como ver a tres estudiantes especiales que llegaron de cinco años y  ya egresaron con muchos avances. 

“Cuando estás aquí te das cuenta que el aprendizaje es mutuo entre los niños, si falta alguno de los alumnos con discapacidad sus compañeros lo extrañan y se preocupan, es muy motivadora la capacidad de los chicos de entenderse y no poner las barreras que muchas veces colocamos los adultos”, agregó. 

No solo es un trabajo hecho con los estudiantes, a las madres también le organizan talleres para aprender a aceptar la diferencia de su hijo y saber cómo ayudarlos, sin sobre protegerlos, indicó María de Lourdes N, mamá de una niña especial.  

“Siempre sentí que mi hija tiene la capacidad de aprender cada día más sin importar sus limitaciones, pero en las instituciones sólo para personas con discapacidad no veía el progreso, aquí  ella imita a los niños regulares avanza mucho, ahora habla, es más sociable y aprende sobre números y colores”.   

Como una luz al final del túnel vio Argelia de la Cruz García, la opción de inscribir a su hijo Sebastián N, en la escuela, ya que por un tiempo recorrió toda la ciudad sin encontrar un lugar adecuado para él. 

“Mi niño tiene síndrome de Down y he sido testigo de su avance, a pesar que no va al mismo ritmo de otros, ahora lee, se expresa bien, es una lástima que no existan escuelas públicas con este proyecto de inclusión”. 

“Me siento muy a gusto, siento que los niños especiales aprende de mí y yo de ellos”, Claudio, de 12 años.

“Es una buena experiencia son personas casi igual a nosotros, ellos nos enseñan a razonar y a darnos cuenta que no hay muchas diferencias”, Diego, 11 años.

“Yo veo que son muy felices, trabajamos siempre juntos y así aprendemos cosas diferentes”, Leonardo, 12 años.

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