23 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

"Dios me tenía preparado un lugar donde sería feliz"

Dos mujeres, encontraron su felicidad en siguiendo la vocación del servicio, actualmente cuidan niños en una casa hogar.

Las mujeres encontraron la felicidad realizando acciones en el servicio de Dios. (Consuelo Javier/SIPSE)
Las mujeres encontraron la felicidad realizando acciones en el servicio de Dios. (Consuelo Javier/SIPSE)
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Rubi Velázquez/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Dejar atrás San Pedro, Michoacán, su pueblo natal y dedicar su vida al servicio de los demás, es como Apolonia De la Cruz Ramírez, “madre Polita”, encontró la felicidad, caso similar es el de Candelaria Aguado del Monte, a quien el perder a su hermana en manos del cáncer, la hizo encontrar su vocación y recobrar la alegría.

La infancia de De la Cruz Ramírez transcurrió entre el acarreo de baldes de agua y las labores del hogar, ya que en el lugar no contaban con servicios para luz, líquido potable o carreteras.

A pesar de ser de una familia humilde y no contar con juguetes, ella se divertía chapoteando en el río cada vez que su mamá la enviaba por agua, pero al tardarse se desencadenaban regaños de sus padres que terminaban algunas ocasiones en golpes.

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Sin tener claro en qué punto comenzó a buscar un acercamiento con Dios, recordó que desde los 12 años recibía comentarios de sus familiares y vecinos diciéndole que su vocación era ser religiosa.

Sin embargo ella continuó con su adolescencia mostrando algunos rasgos de rebeldía que la exponían en muchas ocasiones a los peligros del lugar.

La vocación llegó hasta ella

A los 18 años apareció un grupo de personas ofreciendo empleo a mujeres mayores de edad y menores de 20 años para trabajar en Colima, prometiendo prestaciones, buen sueldo y hospedaje.

“Afortunadamente mis primos varones se opusieron a que yo me fuera, y me convencieron de desistir de la idea”, fue la frase completada por la religiosa con voz pausada al recalcar que los peligros a los que se enfrenta una comunidad con un nivel educativo bajo y donde el único modo de acceso para los que podían costearlo, era por medio de una avioneta que viajaba de Uruapan a San Pedro, eran bastantes.

Tres años después cinco religiosas viajaron de la Ciudad de México para llevar víveres a su comunidad y sus familiares se encargaron de comentarles las buenas obras que De la Cruz Ramírez realizó desde pequeña, ayudando siempre a la comunidad cuidando enfermos o por medio de labores en los hogares.

“El llamado de Dios tocó a mi puerta”, dijo la madre Polita mientras se asomaba de su boca una pequeña sonrisa.

Se dedica al servicio de Dios

Se trataban de las Misioneras Hijas Mínimas de San José, congregación a la que ella pertenece desde hace 39 años.

“Me dolió dejar a mi familia y al que era mi novio, pero la felicidad completa la encontré en el servicio religioso”.

Luego de ser enviada a la Ciudad de México, Chetumal y Tamaulipas, hace 15 años llegó a la Casa Hogar San José ubicada en el kilómetro 3.5 de la carretera a Rancho Viejo.

Actualmente tiene 61 años, y protege a los 14 menores que se encuentran en resguardo dentro del Hogar San José de las injusticias de la vida y procura sus sonrisas, es el principal motivo que la impulsa a buscar alternativas como la venta de ropa usada en los tianguis de la zona, para cubrir algunas necesidades de los pequeños.

“Dios me ha protegido, por que ya me tenía preparado un lugar donde sería feliz”, expresó mientras se levantaba de la silla de madera para después cargar a Víctor, menor de tres años en resguardo del hogar.

"Madre Cande"

La historia de Candelaria Aguado del Monte, madre Cande como la conocen en la congregación comenzó en León Guanajuato de donde es originaria y aunque la situación económica de su familia no era tan apretada, el alto número de integrantes complicaba la situación.

Siendo la mediana de 14 hermanos, los mayores se dedicaron a consentirla en todo lo posible, por lo que ella nunca tuvo la necesidad de trabajar o hacer labores en el hogar.

A la edad de 30 años y teniendo una relación de noviazgo formal, decide dejar su hogar y dedicarse al servicio de Dios, luego de que a su hermana de 35 años se le detectara un tumor en el ojo y un año después desencadenara en la muerte de la mujer por que el cáncer había invadido su cerebro.

“Si lo haces por amor a Dios, todo te sabe bien”, fue su comentario al recalcar que tomó la mejor decisión y que ahora es muy feliz.

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