23 de Julio de 2018

Opinión

Propósitos

Sucumbo a las consideraciones morales que se aconseja plantearse ante el inminente arribo de 2016.

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Cuando aún falta arrancar algunas hojas en el calendario 2015 -seguramente bajo el influjo de partículas mágicas, espolvoreadas con malsana intención por mi “hada madrina”- sucumbo a las consideraciones morales que se aconseja plantearse ante el inminente arribo de 2016.

“Esta vez será diferente”, me dije y presto tomé hoja en blanco y pluma Bic color negro para deja anotados, de una buena vez, mis propósitos para el Año Nuevo. Digo propósitos, porque pareciera que pretender un listado conciso y breve podría considerarse socialmente un asomo de indolencia y pereza mental. De nada me valen las falsas razones, las alteraciones de conciencia, motoras y de pensamiento, producto del consumo irresponsable de sabrosos platillos y la ingente cantidad de alcohol, en sus muy variadas manifestaciones, propio del mentado curso “Guadalupe-Reyes”. 

-Hubiera hecho mi lista a mediados de julio -me  reprocho, mientras contemplo si dejaré pasar de largo el vaso repleto de hielo picado y Etiqueta Negra, que irradia displicente hacia mí el reflejo de los foquitos del árbol de Navidad. Ya sé; no tienen nada que ver el whiskeishon ni los tubitos multicolores que me alumbran con los vericuetos mundanos que exigen mi atención.

Como sea, escribo la primera consigna. Mientras la releo, aguardo el tropel de ideas acumuladas en mi cerebro que de seguro brotarán en cascada para ayudarme a completar de un tirón la asignatura. Bebo un largo trago y espero. Espero un poco más.

No pretendo que la expectante bebida me ofrezca, así porque sí, la inspiración que requiero. Mucho menos endosarle al licor la responsabilidad de resolver mi propio dilema. Cada quien. Pero tampoco me parece que un sorbo más altere bruscamente el escenario. No hay que permitir que emanaciones negativas se atribuyan las riendas de mi propio destino.

Opto por un segundo, un tercer trago. Mientras masco los pedazos de hielo viene hasta mi conciencia el diccionario de sinónimos y antónimos, tan socorrido en mis empeños para aprender a escribir con propiedad. Lo siguiente es “coser y beber”. La primera proclama adquiere, sin alterar en lo más mínimo su esencia fundamental, nuevos visos, estructura y solvencia. Tiene gracia decir lo mismo de diferente manera. Un particular propósito, con múltiples interpretaciones.

¡Vaya biem!

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