19 de Septiembre de 2018

Opinión

Las candidatas

Ivonne Ortega, en su carrera por la candidatura, debe afrontar también graves dificultades, como la de no contar con la difusión que tienen los miembros del gabinete, todos hombres, con quienes compite.

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Los desafíos sobre la falta de igualdad de oportunidades entre los hombres y las mujeres que prevalecen en nuestra vida cotidiana se reflejan en el terreno de la política partidista, donde, a pesar del progreso conseguido al obligar legalmente en los partidos políticos a otorgar igual número de candidaturas para ambos géneros, queda mucho por avanzar, como puede observarse si acreditamos la diferencia entre el número de precandidatos presidenciales y el de las mujeres que, al momento, son sólo dos: Margarita Zavala e Ivonne Ortega.

Y es que mientras ascendemos en el escalafón de los cargos de elección, al igual que en los principales puestos administrativos, la presencia femenina se va haciendo notablemente menor, desde los gabinetes estatales y las gubernaturas hasta el gabinete federal.

Y si en la vida cotidiana es común que las mujeres encuentren obstáculos para su desarrollo laboral, en la política partidista los intereses personales o de facción vuelven la lucha más descarnada. Como sucede en el PAN de Ricardo Anaya, que decidió privatizar a su favor los spots de su partido y los de su aliado el PRD, para tratar de contrarrestar la popularidad de Margarita Zavala. Valiente líder del PAN que no duda en usar todos los recursos de su partido para inclinar la balanza a su favor, lo que copió de AMLO que, en Morena, tiene asegurada su candidatura de por vida.

En el PRI, aunque Manlio Fabio Beltrones se ha comportado como un caballero, Ivonne Ortega, en su carrera por la candidatura, debe afrontar también graves dificultades, como la que resulta de no contar con la difusión que tienen los miembros del gabinete, todos hombres, con quienes compite.

Circunstancias difíciles como las  que tuvo que afrontar a lo largo de su trayectoria política, desde obtener la presidencia municipal de Dzemul; ganar contra todos los pronósticos la diputación local y posteriormente la federal; ser senadora  y triunfar indiscutiblemente en la interna para obtener la candidatura, ante personajes de “mayor peso político”.  

Ya como candidata a gobernadora supo remontar las situaciones más complicadas, cuando el PAN detentaba el Poder Ejecutivo tanto nacional como estatal. Por su eficacia en el terreno electoral, logró revertir los resultados de la más feroz guerra sucia instrumentada por el recalcitrante y discriminatorio panismo yucateco, transformando en virtudes los “defectos” que le achacaban: como la de ser joven, de origen popular, de pueblo, no de ciudad,  y, por supuesto, ser mujer.

Su inagotable energía para el trabajo proselitista; su conocimiento del trabajo electoral, que enriqueció al ser nombrada  secretaria general del PRI, como un reconocimiento personal que le hizo Peña Nieto, así como su intuición política la convertirían, bajo ciertas circunstancias, en la candidata idónea de su partido, con indudable capacidad de triunfo. El tiempo lo dirá.

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