18 de Diciembre de 2017

Opinión

Retos del desarrollo

El deber de la autoridad consiste en estar un paso adelante de la actividad delictiva para prevenirla, anteponiéndola a su función punitiva. Para ello, nada mejor que la tarea de “inteligencia”.

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La seguridad de Yucatán, tan redituable ahora en materia de crecimiento económico, por la atracción que ejerce sobre los  inversionistas y la gente que decide venir a vivir aquí, tiene como base la proverbial cultura de la denuncia de nuestra gente, cuyo complemento: la confianza en nuestras fuerzas policiales, no es a mi ver producto de la casualidad. Todo lo contrario, es hoy  resultado de una política deliberada y continua de las autoridades estales que, en alrededor de 25 años, han trabajado insistentemente en la profesionalización de su institución policiaca.

Con una Academia de capacitación continua con la asesoría de especialistas extranjeros, franceses e israelitas, y con el equipamiento necesario en vehículos y tecnología de punta, que se han ido adquiriendo mediante la correcta inversión de los recursos que la Federación dispone para ello.

Pero el crecimiento económico, además de sus ventajas en cuanto a ocupación  e ingresos que  proporciona, puede acarrear también serias dificultades para la vida cotidiana, como la contaminación, el caos vial y demás inconvenientes característicos de las grandes ciudades y que pueden impactar igual nuestro nivel de seguridad.

Y aunque los crímenes de alto impacto están bajo control en la entidad, hemos visto con inquietud en pocos días un par de eventos, intentos de secuestro,  que afortunadamente han sido resueltos rápidamente y con eficacia por la policía que, al demostrar que no habrá cabida para la impunidad, desestimula la actividad delincuencial.

Un problema observado en las poblaciones pequeñas y medianas de otros lares es la cooptación de las policías municipales por parte del crimen organizado que las pone a su servicio. 

Como sabemos, la función más importante del instituto de seguridad no es reaccionar ante el delito sino prevenirlo. Así el deber de la autoridad consiste en estar un paso adelante de la actividad delictiva para prevenirla, anteponiéndola a su función punitiva. Para ello, nada mejor que la tarea de “inteligencia”, la vigilancia que hoy día se desarrolla con tecnología de punta.

De ahí la pertinencia del Escudo Yucatán de Rolando Zapata Bello, sensatamente aprobado por el Congreso estatal, que busca ampliar el sistema de vigilancia mediante la instalación de cámaras para cubrir, además de los puntos estratégicos, las entradas y salidas de la ciudad de Mérida y del Estado y los principales centros comerciales y de servicios, y  las colonias medias y pobres de la ciudad, lo mismo que a los municipios de nuestra amplia franja costera y continental.

La inversión es de 1,500 MDP, que serán devueltos con los recursos de los próximos 3 años del Programa de Fortalecimiento.
La seguridad, bien lo sabemos, no tiene precio y resulta más redituable  invertir oportunamente lo necesario para mantenerla bajo control, que tener luego que dilapidar recursos para tratar de revertir una situación descontrolada.

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