12 de Diciembre de 2017

Opinión

Discurso o eficiencia

Me gustaría que Antonio Meade pueda ser el futuro candidato del PRI, porque ello significaría que, por fin, luego de tantas décadas de fracasos, avancemos en el combate a la pobreza más allá del discurso y las promesas.

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Ante el activismo de los precandidatos presidenciales Ricardo Anaya y AMLO, líderes del PAN y de Morena, que privatizaron a su favor los spots de su partido e incluso los del PRD en el caso del panista, de Margarita Zavala y Moreno Valle, siempre por el blanquiazul, y de Miguel Ángel Mancera, por el PRD, corre el rumor de que el presidente Peña Nieto ha dado luz verde a los miembros de su gabinete para que calienten el ambiente sucesorio en el PRI, donde figuran Videgaray, de Hacienda; Osorio Chong, de Gobernación; Nuño, de Educación; Meade, de  Sedesol, y  Manlio Fabio Beltrones, líder del Revolucionario Institucional.

Sin embargo, todos los que cuentan con experiencia en las lides de la política han decidido mantener un bajo perfil, con excepción del bisoño, pues siempre se declaraba apartidista, José Antonio Meade Kuribreña, que, impulsado tal vez por los resultados de una encuesta realizada en abril entre 454 empresarios económicamente poderosos, cuyo 13%  lo ven como la mejor opción para dirigir al país, seguido por Margarita Zavala, con 11%, se esmeró, sin rubor alguno, en demostrar que  resulta un buen funcionario público por seguir las indicaciones  de su jefe al pie de la letra, irrumpiendo frenéticamente en los medios de comunicación, dando entrevistas y ofreciendo declaraciones sobre cualquier tema, aunque no esté relacionado con su encomienda.

Así ha declarado sobre salud y educación; así como en temas de drogadicción y otras adicciones e incluso sobre cuestiones tan esotéricas como la suerte, de manera que destaca, en el corto tiempo que lleva de activismo partidista, como el precandidato que no tiene reticencia alguna para declarar espontáneamente lo que piensa sobre cualquier tema, lo que tiene sus ventajas y sus desventajas.

Como cuando declaró que “los mexicanos tenemos mucha suerte de que Peña Nieto sea hoy el presidente de México”, lo que, aparte de la ligereza discursiva,  ha sido interpretado por unos como una forma de elogiar al primer mandatario con la obvia intención de granjearse su apoyo y, por otros, como un claro reconocimiento de que la candidatura del PRI depende exclusivamente de la voluntad presidencial.

Por supuesto, quien resulte candidato por el PRI debe contar con la aprobación del presidente. No obstante, los elementos a considerar en la carrera para obtener la candidatura tienen que ver más que con la simpatía personal o con la calidad y coherencia del discurso, con la eficiencia que se demuestre para cumplir el cargo encomendado.

Y me gustaría que Antonio Meade pueda ser el futuro candidato del PRI, porque ello significaría que, por fin, luego de tantas décadas de fracasos, hemos logrado avanzar en el combate a la pobreza más allá del discurso y las promesas de diseñar a futuro programas, esos sí,  eficientes. Que sus palabras pudieron traducirse en hechos.

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